El hombre que le pega a una mujer
no debió conocer paso ni poso,
ni debió ser jamás llamado esposo
quien del foso jamás debió nacer.
El hombre que le pega a una mujer
camina en la cuerda del engaño
que en amor convirtiera la que antaño
fuese sólo un objeto de placer.
El hombre que le pega a una mujer
siempre guarda tras grito y chulería
un tufo inconfesable a cobardía
que trata entre bravatas de esconder.
El hombre que le pega a una mujer
no tiene ni conciencia, ni memoria,
ni sabe que su triste zanahoria
es tener poco o nada que ofrecer.
El hombre que le pega a una mujer
apenas si resulta necesario,
no sirve, nunca lleva al calendario
ningún bien que enseñar o que vender.
El hombre que le pega a una mujer
y además lo hace tras su religión,
bien poco a de aportar a una nación
que acoge a quien en paz se hace acoger.
Y éste hombre, que pega sin perder,
eres tú si es que miras a otro lado;
si es que piensas que amar y ser amado
lleva atado un bofetón a una mujer…
A las valientes mujeres que denuncian…



























