La autonomía de los hijos

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Hace no mucho tiempo, tener 20 años y desear salir de la casa paterna era lo normal para la mayoría de las personas. Hoy, a esa edad, los y las jóvenes de nuestro entorno ven muy lejana la posibilidad de vivir por su cuenta.

Tener una casa propia, formar una familia estable, educar varios hijos, o asumir responsabilidades sociales o ciudadanas se están convirtiendo en objetivos de personas de casi 40 años o más. A los más jóvenes, que cada día se encuentran más cómodo en el hogar de sus padres, les está costando acceder a la autonomía propia, a la independencia económica y a posibles compromisos personales.

Este hecho, que se está generalizando en las sociedades occidentales, tiene unas causas relacionadas con la vida cómoda y fácil que les hemos proporcionado los adultos, con las dificultades que encuentran para acceder a un puesto de trabajo acorde con los estudios que han realizado y con el miedo a enfrentarse con una sociedad hostil, que parece ser propiedad de las personas de los grupos más fuertes y poderosos.

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Los modelos de jóvenes, que aparecen en los estudios sociológicos, consumistas de marcas y juegos, de sexo sin compromiso de alcohol y de drogas los fines de semana; considerados mano de obra barata y con trabajos precarios, o engordando un curriculum vitae que les posibilite un puesto de trabajo con una mayor estabilidad , e incrementando , a la vez, su patrimonio personal, casa propia, muebles caros, electrodomésticos y tecnología de última moda, etc.., son algunas de las consecuencias de este modelo de sociedad infantilizada que necesita tutores (padres y madres, gobernantes y dirigentes), agentes policiales que mantengan el orden y fuerzas armadas que nos defiendan de los que aspiran ser como nosotros.

Pero, todo esto, ¿merece la pena.? Tantos esfuerzos y trabajos, ¿ conduce a un destino verdaderamente humano a las personas.? La competitividad imperante, la facilidad prefabricada de instantes indolorosos y de momentos placenteros, el descanso “retirado” de fin de semana o de vacaciones en balneario, ¿generan relaciones humanas entre familiares, amigos o personas nuevas que la vida nos pone delante.?

Entre los fallos que hemos venido cometiendo está el querer meter como en un CD el pasado, el presente y el futuro para tenerlos a nuestra disposición cuando nos interese. Con ello nos perdemos contemplar el pasado como la vida que hicieron nuestros mayores y proyectar, con ilusiones renovadas, el futuro que van a vivir los más jóvenes.

Otros errores son: el cambiar tiempo gratuito, dedicado a la relación interpersonal : palabras, gestos, miradas, etc.., por cosas materiales, o imágenes enlatadas que llenan el tiempo de las personas que están creciendo, niños y adolescentes. Y también el olvidarnos de que para educar la voluntad es necesario esforzarse y acostumbrarse a poner en juego todas nuestras facultades humanas, no sólo las de los demás.

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