La Parroquia de Ntra. Sra. de la Oliva se va a reunir en los próximos días en torno a su imagen titular en unas jornadas de cultos con motivo del Dulce Nombre de María. La Virgen, de manera extraordinaria se encuentra bajada de su altar, en el presbiterio del templo, mientras se procedía a la pintura de la hornacina que preside esta imagen en el templo.
Según ha explicado su párroco, Manuel Dana Nuevo, «se ha recuperado, con la técnica del estucado, el color original de esta hornacina, el rojo alicante«, sustituyendo al azul estrellado que lucía en los últimos tiempos. Se ha optado por esta tonalidad, explica el sacerdote, «por ser más acorde con los tonos de la parroquia y destaca mucho más tanto el dorado de los el estofado de la ropa de la Virgen como la propia imagen».
Antes de la subida de Ntra. Sra. de la Oliva al altar, se ha decidido aprovechar la coyuntura para organizar un Besamanos extraordinario que tendrá lugar los días 29 y 30, al finalizar la misa de 20:00 y 12:00 horas, respectivamente. Al ser una talla de grandes dimensiones, tiene un peso de unos 300 kilos, no se puede bajar con tanta frecuencia. Ya estuvo en Besamanos en el año 2012 antes de la bendición de la nueva parroquia.
Lo que sí se va a recuperar e instaurar de nuevo es el Triduo, que se celebró durante unos años. Será los días 9, 10 y 11 de septiembre, a las 19:30 horas, contando con párrocos vinculados a este templo para presidir la Eucaristía. El primer día será Gregorio Sillero Fernández; el segundo, Teodomiro Ortega Fernández, recientemente ordenado sacerdote; y Rafael Fiol García de la Borbolla, el tercero.
Los cultos finalizarán el día 12, a las 20:00 horas, con la Función Solemne, que ya celebró el cura el año pasado, tras tomar posesión como párroco de La Oliva, y que también ha llegado para quedarse. Será oficiada por el propio Manuel Dana Nuevo.
Desde el templo, según el sacerdote, se quiere vivir estos cultos de una manera especial, que «no sean solo un acto litúrgico más, sino el momento en el que toda la familia parroquial se reúna: catequesis, grupos, hermandades y cada uno de los vecinos del barrio que sienta a La Oliva como su Madre. Queremos que sea, de verdad, la fiesta grande de nuestra Parroquia, vivida en comunidad y compartida por todos», sentencia.




























