Tras ocho años al frente de la Hdad. de Santa Ana, como su hermana mayor, Eva María Ramírez Ordóñez afronta su último año de mandato. Será un mes de julio muy especial, de despedida de su cargo, y la hermana mayor ha echado la vista atrás para hacer balance de su gestión y la de su junta de gobierno.
Ocho años al frente de la Hermandad de Santa Ana como su hermana mayor. Si echas la vista atrás, ¿cuáles son esas primeras impresiones de todo lo vivido?
Pues las palabras que podrían definir esas primeras impresiones son “satisfacción” y “gratitud”. Ocho años dan para mucho, muchas luces y también algunas sombras, pero el balance general para mí ha sido muy satisfactorio. He tenido la suerte de vivir momentos muy bonitos, de conocer a gente maravillosa y de afrontar retos importantes que, con la ayuda de Dios y de su bendita Abuela, se han sacado adelante.
Si tuviera que quedarse con algo de toda esta experiencia, ¿qué es lo que va a atesorar con más cariño cuando deje su cargo?
Me quedo con dos cosas especialmente: la primera, como he dicho antes, es la suerte de haber conocido a gente muy especial, con algunas de las cuales he estrechado verdaderos lazos de amistad, puesto que el contacto ha sido muy asiduo y entrañable. Y, por supuesto, me quedo con haber tenido la suerte de ser la persona que estaba al frente de la Hermandad en la conmemoración del V Centenario. Creo que he sido muy afortunada teniendo en cuenta la cantidad de hombres y mujeres maravillosos que han pasado por nuestra corporación a lo largo de cinco siglos.
Se presentó para dar continuidad a la labor que ya habían desarrollado las anteriores juntas de gobierno… ¿siente que ha cumplido con ese cometido?
Sí, plenamente. Ha sido una labor claramente continuista con la línea marcada por las Juntas anteriores. Lógicamente siempre avanzando, pero en la misma línea. Creo que en los últimos años la Hermandad de Santa Ana ha vivido años de verdadero esplendor y soy de la opinión de que, cuando alguna cosa funciona, no se debe tocar. Si se puede, se mejora, pero creo que es un error cambiar de rumbo.
De los objetivos planteados en aquel primer mandato de 2018… ¿Los ha ido cumpliendo en estos 8 años? ¿Ha quedado algo pendiente?
No, pendiente no nos ha quedado nada de aquello que nos planteábamos, aunque sí es cierto que han ido surgiendo nuevas necesidades y no todas se han podido abordar, bien por falta de tiempo o por falta de recursos. Nos proponíamos, sobre todo, fomentar la devoción a Santa Ana, dar a conocer su historia íntimamente ligada a la de Dos Hermanas, fomentar estas cuestiones de forma especial entre los escolares de nuestra ciudad, fomentar la asistencia de los nazarenos a los cultos y a la procesión, consolidar la cuadrilla de costaleros…y todo ello se ha conseguido plenamente. A eso tenemos que añadir el gran reto de la organización de los actos del V Centenario y la adquisición de la casa de hermandad que tuvimos que abordar de manera imprevista.
Ocho años dan para mucho, con algunas sombras, ya que le tocó vivir al frente de la hermandad una etapa compleja, como la de la pandemia del Covid19. ¿Cómo recuerda esa época?
Recuerdo haberla vivido con preocupación e incertidumbre pero con serenidad. Recuerdo que pudimos celebrar la función (con mascarillas, por supuesto) y una procesión claustral por las naves de la parroquia. Especialmente emotivo fue el momento en el que las andas de la Santa se colocaron frente a la puerta del templo, mirando hacia la calle y se pudo palpar y escuchar la emoción de los nazarenos que allí se habían congregado.
“La Hermandad de Santa Ana está viviendo un momento muy dulce”
Pero, si por algo se le recuerde, será por haber sido la hermana mayor de la efemérides del 500 Aniversario de la hermandad. Con la perspectiva que da ya la distancia, ¿qué supuso esa conmemoración para la hermandad y para la ciudad de Dos Hermanas?
El V Centenario fue, sin duda, el núcleo de mi primer mandato y un acontecimiento crucial para todo el pueblo. Supuso muchísimo trabajo de gestión pero también muchísimas ilusiones, satisfacciones y momentos maravillosos. Celebrar 500 años de historia nos permitió volver nuestros ojos a los comienzos de la historia de Dos Hermanas. Precisamente porque el origen de ambas entidades, hermandad y ciudad, está unidos indisolublemente es por lo que fue un acontecimiento inolvidable para toda la ciudad. Por otra parte, nos permitió llevar a Santa Ana a los lugares más alejados: a nuestra Madres carmelitas, a los ancianos de la Residencia San Rafael, etc. Y además fue la coyuntura perfecta para conseguir para nuestra Patrona hacer realidad unos sueños que desde hacía mucho tiempo albergábamos porque creíamos que eran de justicia y por fin se lograron. Me estoy refiriendo por ejemplo, al monumento y a la Medalla de Oro de la Ciudad.
No sé si es fácil, pero, de todo lo que se hizo ese 2023, ¿recuerda algún acto con especial cariño?
Ciertamente es difícil decantarse por uno. Pero de entre todos, yo creo que me quedo con la entrega de la Medalla de Oro de la Ciudad. Fue de las cosas más emocionantes que he vivido. Ver ese teatro repleto de nazarenos ponerse en pie aplaudiendo a su Patrona y la concesión que por fin se había logrado para ella, fue realmente inolvidable. Creo que era un reconocimiento que nuestra Patrona se merecía hacía muchísimos años y el pueblo nazareno así lo refrendó.
¿En qué momento deja la hermandad, cuál es su estado de salud, tras sus dos mandatos?
Pues yo creo que la Hermandad está viviendo momentos muy dulces. La devoción a nuestra Patrona ha alcanzado unas cotas muy altas (sólo hay que ver cómo se pone Dos Hermanas el 26 de julio, en plenas vacaciones estivales y con unas temperaturas que no invitan precisamente a quedarse en el pueblo); económicamente está saneada y además, ha aumentado su patrimonio considerablemente en los últimos años. Tenemos una cuadrilla de costaleros que es uno de nuestros grandes tesoros porque jamás en su historia Santa Ana ha tenido un grupo tan números de jóvenes que quieren ser los pies de su Abuela, hasta el punto de tener lista de espera. Y, lo que para mí es más importante, son hombres que no vienen a sacar el paso por moda o novelería, sino porque sienten y quieren a Santa Ana; y, por otra parte, tenemos gente joven con muchas ganas de continuar con este legado. Creo que más no se puede pedir.
¿Cómo afronta este julio de 2026, el último al frente de la hermandad en los días grandes de Santa Ana?
Pues con mucha ilusión, con ganas de disfrutar cada momento y cada detalle. Es verdad que, cuando se tiene un cargo de responsabilidad en la Hermandad, no se disfruta demasiado porque estás pendiente de que todo encaje y que nada falle. Pero al menos voy a intentarlo. Voy a procurar acabar con un buen sabor de boca.
¿Qué le pide a la nueva junta de gobierno que la sucederá cuando se celebre el cabildo de elecciones?
Pues simplemente que sigan trabajando por engrandecer la devoción a la Santa y el nombre de nuestra Hermandad. Que no olviden nunca la vocación de servicio, que en la Hermandades no se debe estar para figurar en las fotos sino para ponerse al servicio de los hermanos y, en esta caso por ser la Patrona, del pueblo entero. Que todo lo hagan pensando en que somos Iglesia y como tal debemos tratarnos entre nosotros y que sigan la premisa que yo siempre intenté seguir: aquello que funciona, no debe cambiarse.
¿Seguirá implicada en junta de gobierno o prefiere dar un paso atrás?
No, creo que después de estos años tan intensos, ahora necesito dar un paso al lado y vivir la Hermandad como una hermana más. Intentaré disfrutar de todo aquello que, por mi responsabilidad, no he podido disfrutar y vivir mi devoción a Santa Ana desde el anonimato y la privacidad. Soy de las que piensan que hay que saber marcharse y dejar paso a otros que seguro que vienen cargados de ilusión y de ganas de trabajar.




























