En este 2026 se cumplen 125 años de la llegada del Señor del Gran Poder a Dos Hermanas en el año 1901. La Hermandad ha querido conmemorar esta efemérides presentando un cartel anunciador y un logotipo para celebrar este aniversario. El acto tuvo lugar este miércoles, día 4 de marzo, en la Capilla del Gran Poder, contando con la presencia del alcalde de la ciudad, Paco Rodríguez, y el párroco de Santa María Magdalena, Manuel Sánchez de Heredia. Además del presidente del Consejo de Hermandades y Cofrafías, Fran Alba Claro.

Una estampa que pervive en la historia
Juan Miguel Martín Mena presentó su cartel conmemorativo de los 125 años del Señor del Gran Poder como «una de esas estampa que durante generaciones ha habitado en los cajones de las casas, en las mesitas de noche, entre las páginas de un libro o detrás del cristal de un cuadro familiar». Son imágenes, explicó que sirven para «acompañar la vida cotidiana y a sostener una devoción silenciosa que pasa de unas manos a otras con el paso de los años».
Por eso, la obra nace de esa idea, la de una imagen que atraviesa el tiempo. El Señor del Gran Poder, explicó el autor durante la presentación, «aparece construido a partir de fragmentos. Papeles envejecidos, documentos, túnicas y veladuras se superponen formando un territorio de huellas, un lugar donde se acumulan las miradas y los gestos de quienes han sostenido esta devoción a lo largo del tiempo».
En la túnica conviven fragmentos de distintas túnicas que el Señor ha portado a lo largo de su historia. Cada uno remite a una época distinta y, frente a esos cambios, «el rostro y las manos es lo único que permanece firme». Entre esas capas aparece también el documento firmado por su escultor y hallado en el interior de la Imagen.
A los pies del Señor emergen unas siluetas apenas definidas: «la presencia constante de las promesas«, ya que, en gran medida, «han sido las mujeres quienes han sostenido y transmitido esta devoción en Dos Hermanas». Las figuras aparecen sin rostro definido, puesto que, como dice Juan Miguel, «sus identidades no importan. Importa lo que sostienen».
La silueta del Señor tampoco se presenta completamente fija. Se desdobla levemente, insinuando cómo la propia iconografía se transforma con los años: distintas cruces, distintas posturas de los brazos, distintas formas de vestir la imagen que han acompañado su historia.
La obra está realizada en técnica mixta sobre papel de algodón encolados a tabla. Estos papeles han sido envejecidos mediante café y sal, y posteriormente trabajados con grafito, aguadas y veladuras acrílicas. Sobre esta base se incorporan fragmentos de collage que van construyendo la figura, «como si la imagen se recompusiera lentamente a partir de restos de memoria». El foco de color se concentra en el rostro y en la mano del Señor, trabajado con ceras y bolígrafo, de manera que la mirada encuentre allí el centro emocional de la imagen.
Por último, concluyó, «un pequeño gesto rompe finalmente la quietud de la estampa: el pie del Señor avanza ligeramente fuera del marco que contiene la imagen. Ese gesto introduce una idea sencilla: Estos 125 años forman parte de una historia que sigue caminando».

Historia, devoción y permanencia
José María Gordillo Molina presentó el logo de esta efemérides con la intención, según explicó el propio autor, de sintetizar historia, devoción y permanencia en el tiempo. El eje central de la composición lo ocupa el número 125, tratado con una tipografía elegante y con carácter, que simboliza la solidez y la trascendencia de estos años de fe ininterrumpida.
El nombre Gran Poder se integra con fuerza y equilibrio, destacando la identidad propia de la Hermandad y subrayando «la relevancia espiritual de la efeméride«. Bajo él, la inscripción Dos Hermanas «reafirma el arraigo local y la profunda vinculación con la ciudad».
A la derecha, la silueta de la sagrada talla se alza como elemento distintivo y reconocible. Su perfil sintetizado evoca «la presencia majestuosa del Señor», convirtiéndose en «símbolo visual inmediato de la devoción nazarena y del patrimonio artístico que se conmemora». A la izquierda, los rayos de luz emergen como «signo de esperanza, fe y trascendencia«. En palabras de José María, «representan la luz que el Señor proyecta sobre su pueblo desde hace 125 años, iluminando generaciones y manteniendo viva la llama de la devoción».
La versión cromática en morado y oro refuerza el carácter cofrade y solemne de la celebración: el morado, color penitencial y propio del Señor; el oro, símbolo de realeza, gloria y aniversario. La versión a una tinta aporta sobriedad y versatilidad para su aplicación en distintos soportes.
Por lo que, «con este logotipo pretendo mostrar una síntesis visual de 125 años de historia, arte y fe compartida, proyectada hacia el futuro con la misma fuerza espiritual que inspiró su origen», sentenció.




























