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Mc 1,1-8

  • EL DESEO MAYOR de un padre es que sus hijos crezcan y maduren en el amor. Más de lo que él mismo ha podido vivir. Así lo hemos intentado hacer nosotros con tu mujer, con María; y así, José, lo tenéis que hacer vosotros con lo que nazca.
  • Joaquín, tenga por seguro que así lo intentaremos. Pero en este mundo de hoy hay tantos caminos por los que desviarse. Antes que los niños aprendan a hablar y a comprender las cosas ya las pantallas les dicen las cosas que han de tener, las experiencias que han de vivir. Cuando nosotros nos criábamos, me parece que todo era más fácil.
  • Los caminos rectos nunca son fáciles de acoger, en unos tiempos y en otros. Tendrás que alejar a tu hijo del odio y de la violencia; y, sobre todo, de la tentación de usar al otro para sus caprichos y beneficios. Esas sendas son anchas, pero muchos se pierden por ellas. Tendrás que enseñarles los caminos del Señor.
  • Joaquín, lo que más me gusta de tu hija, de María, es que habla siempre del Espíritu del Señor. Y ella me explica que es el Espíritu el que dentro de nosotros nos va impulsando hacia el bien, que con el Espíritu amar y ayudar es fuente de alegría…
    -Sí, sí. María es muy, muy buena, pero también muy idealista, siempre cantando, siempre alegre. Los viejos tenemos otra mentalidad, más del orden y de la ley. Tú tendrás que custodiar esa gracia y ese don que ella tiene. Es un tesoro del que algunos pueden abusar. Tú has de ser custodio del niño y de su madre.
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