Después de cinco candidaturas a los Oscar, cuatro de ellas en el apartado interpretativo, muchos piensan (sobre todo él mismo), que esta vez sí que sí, Leonardo DiCaprio se llevará la estatuilla que le señalaría como el mejor actor del año (pero porque ya le toca, no porque este sea su mejor papel). Todo apunta a ello (es el favorito en todas las encuestas). Y lo cierto es que se luce en la nueva y fastuosa nueva película del mexicano Alejandro González Iñárritu, que no tiene tan claro el triunfo.
{xtypo_rounded3}Estados Unidos, 2015 (156′)
Título original: The revenant.
Dirección: Alejandro G. Iñárritu.
Producción: Steve Golin, Alejandro G. Iñárritu, David Kanter, Arnon Milchan, Mary Parent, Keith Redmon, James W. Skotchdopole.
Guión: Mark L. Smith, Alejandro G. Iñárritu, basado en parte en el libro de Michel Punke.
Fotografía: Emmanuel Lubezki.
Música: Alva Noto, Ryuichi Sakamoto.
Montaje: Stephen Mirrione.
Intérpretes: Leonardo DiCaprio (Hugh Glass), Tom Hardy (John Fitzgerald), Domhnall Gleeson (Capitán Andrew Henry), Will Poulter (Bridger), Forrest Goodluck (Hawk), Paul Anderson (Anderson), Kristoffer Joner (Murphy), Joshua Burge (Stubby Bill), Duane Howard (Elk Dog), Melaw Nakehk’o (Powaqa), Fabrice Adde (Toussaint).{/xtypo_rounded3}
Basada en hechos reales (aunque ya sabemos que esto no tiene por qué ser indicativo de estar ante una película buena), Iñárritu narra la historia de Hugh Glass, explorador de la América salvaje que en los inicios del siglo XIX participaba en una expedición junto a un grupo de tramperos que buscaban pieles. Atacado por un oso, queda gravemente herido y después es abandonado a su suerte ante su más que posible muerte cercana. Pero Glass logra recuperarse y emprende la búsqueda de su venganza.
El renacido tiene muchas cosas buenas, pero también tiene unas cuantas en su contra. Comienza con una colección de planos que beben (claramente) de la estética y el estilo de Terrence Malick. Después ya entramos en el asunto, Iñárritu se mete de lleno en este muy violento western, donde no hay concesiones y donde no le da un solo respiro a su protagonista. Y he aquí el problema: ¿es posible tantas desgracias una detrás de otra sin que uno acabe aburriéndose porque, en el fondo, tampoco le están contando gran cosa? Iñárritu, con la inestimable ayuda de su director de fotografía (Emmanuel Lubezki, que puede conseguir ese año su tercer Oscar consecutivo), presenta unas poderosas imágenes, con algunos momentos de verdadero prodigio técnico (el plano secuencia de la batalla inicial es magnífico, el ataque del oso es, también, sobrecogedor), pero carentes de historia.
DiCaprio se pasa casi dos horas deambulando y gruñendo. Poco más. Es así de simple. Iñárritu se muestra más arrogante que nunca, queriendo demostrar lo buen director que es con planos imposibles y asombrosos (también es cierto que hay otros, como esas breves secuencias oníricas, que son más bien vergonzantes), pero en el fondo, la historia no es más que un bello cascarón, con una trama sencilla que en otras manos no daría siquiera para la hora y media.































