La paloma de la paz,
y su ramita de olivo:
la imagen que da sentido
al relleno de otro día,
que riega las guarderías
de colgantes, algodones,
frasecitas-colofones,
regalitos compartidos,
el adorno pertinaz,
la paloma de la paz,
y su ramita de olivo.
Pero el símbolo es papel.
Y el papel se difumina
cuando el mundo se encamina
a seguir ensangrentado;
sin aprender del pasado;
sin sacar sus consecuencias;
reduciendo la experiencia
—en su afán comprometido—
al discursito locuaz,
la paloma de la paz,
y su ramita de olivo.
Y la paz no encuentra el día.
Revolotea en la noche;
en el aire del reproche
a nuestra vil condición:
matarnos en aluvión,
darle pompa a la miseria,
hacer caja —cosa seria—
y adornarlo de un motivo,
alguna mentira audaz,
la paloma de la paz,
y su ramita de olivo.



























