- Publicidad -

Alma envenenada

0
- Publicidad -

Me gustaría comenzar esta carta dirigiéndome a los amantes de los animales, ya que quien, por desgracia para él, carece de la sensibilidad necesaria no puede comprender hasta qué punto se puede necesitar a un ser que te quiere, te acompaña, te entiende, tolera tus rabietas, perdona tus olvidos, soporta tus malos días y que siempre los acepta devolviéndote los mismos gestos de cariño y alegría. Mi carta es un grito de desconsuelo por la persona o personas que han acabado con la vida de todo esto, es decir, de mi perro, hace pocos días. Envenenado, sí, ¡envenenado! Así de huérfanos de escrúpulos están algunos individuos sin corazón ni sentimientos.

 

A mi familia le han arrebatado de la noche al día  a uno de sus miembros, a uno más, que siempre fue leal, cariñoso con mis hijos, compañero de sus juegos y risas…, y lo han desaparecido haciéndonos desaparecer, con él, un trozo de nuestro corazón. Mientras tenga memoria lo recordaré.
Los animales forman parte de nuestras familias desde el momento en que los acogemos en nuestro hogar, y es por ello que nadie tiene el derecho de quitarles la vida. Yako, samoyedo de 10 años, noble, fuerte, tranquilo, guapo…,estaba ya casi repuesto de una lesión de ligamentos provocada por un accidente de tráfico un mes y medio antes; ya no cojeaba tanto, no chillaba al levantarse y tenía ganas de jugar. Ahora que todo iba bien, comienza a vomitar y a vomitar, para después fallecer como consecuencia de un veneno potentísimo que había ingerido y que le provocaría la muerte en apenas 24 horas de agonía. No pidió ayuda. Se limitó a tumbarse lo más cerca de la puerta del patio, quedando con la mirada entreabierta, la lengua morada y un charco de líquido transparente que cubría todo su cuerpo. Así murió: ¿puede alguien entender el dolor que sentí por él?
Pensar que estuvo toda la noche muriéndose sin dar un solo ladrido…  
Este daño es irreparable y mi perro, irrepetible. Espero que el autor o autores de su asesinato entiendan, leyendo la presente carta, el grave dolor que me han provocado a mí y a mi familia, y si así logro que se encienda una bombilla en sus oscuras conciencias, me daré por comprendida y compensada. Gracias por permitirme expresar mis sentimientos, que son los de todo mi entorno familiar.

- Publicidad -

 

- Publicidad -