El sábado, día 5, a las 20:45 horas, la Hermandad del Gran Poder celebra el piadoso ejercicio del Stabat Mater en su capilla de la calle Real Utrera. Un encargo que, en esta ocasión ha recaído en Concepción Garzón García. Enfermera de 53 años, casada y madre de dos niños, esta cofrade es camarera de la Virgen de la Amargura desde hace 27 años, siendo hermana de la corporación del Viernes Santo prácticamente toda su vida. Conchi también está muy vinculada con la Hermandad del Rocío, con la que colabora activamente, y es hermana de San Roque de Sevilla.
¿Cómo recibió el encargo de la Hermandad de Gran Poder para pronunciar el Stabat Mater de la Virgen del Mayor Dolor y Traspaso?
Fue de una forma muy bonita. El Jueves Santo fui a ver los pasos a la capilla del Gran Poder y el diputado de cultos, José Manuel López, que es íntimo amigo nuestro, casi de la familia, junto con el hermano mayor, Julio Cruz Rivas, me pusieron delante del paso de la Virgen y me propusieron hacer el Stabat Mater. Me comentaron: “No, no le puedes decir que no. A la Virgen no le puedes decir que no”. Y así fue.»
¿Cuál es su vinculación con la Hermandad de Gran Poder?
Tengo muchos amigos en esta hermandad y vivo cerca de la capilla, por lo que cada vez que paso, entro y estoy allí con sus titulares. Además, mi cuñado, José Antonio Alonso Cardona, el hermano mayor de la Hermandad del Rocío, también es muy cercano a esta corporación. Tengo una vinculación familiar y de amistad, por lo que siempre estoy al tanto de todo lo que va aconteciendo.
Suele estar muy cerca de María, en su caso, como camarera de la Virgen de la Amargura. ¿Tenía más claro con esta relación tan estrecha lo que quería contar?
La verdad es que si, pero ya no solamente por ser camarera de la Virgen y estar muy cerca de ella, sino también por vivencias personales, tanto mías como de mi familia. La Virgen siempre ha estado con nosotros y Ella siempre me ayuda cuando la he necesitado para cualquier cosa. Por eso me siento muy cerca de ella, porque siempre está ahí.
«Quiero mostrar a María como una mujer normal y corriente, una madre a la que le dolió la muerte de su hijo»
¿Cuáles son las líneas maestras o pilares que sustentan su Stabat Mater?
Quiero mostrar a María como una mujer, como madre que es, y eso hay que tenerlo en cuenta. Esa es la principal rama o la principal línea en la que me he basado. Ver a María no como la madre de Dios, como alguien fuera de lo normal,una mujer normal y corriente y que le dolió la muerte de su hijo como nos puede doler a alguna madre que nuestro hijo se vaya.
¿Cómo va a ser su reflexión en lo que a contenido y forma se refiere?
Partiendo de esa idea de ver a María como madre y mujer sencilla, al ser una meditación, no un pregón ni nada fuera de lo común, me voy a limitar a hablar de ella desde ese punto de vista.
El Stabat Mater es una meditación sobre el dolor de la Virgen ante la muerte de su hijo en la cruz… El dolor de una madre es universal y atemporal… ¿Se puede extrapolar el sufrimiento de María de hace más de 2.000 años a los padecimientos de sus hijos en la actualidad? ¿Tiene reflejo en sus palabras?
El mismo dolor que sintió María sobre lo que ocurrió en esa época, se puede extrapolar totalmente a la actualidad. Por eso lo reflejo en mi meditación. Es un tema candente y que está aquí a la orden del día.
Cuando termine su Stabat Mater, ¿qué idea le gustaría que germinase en el público que le escuche?
La que voy a presentar en mi meditación, que puedan hacer suyo su sufrimiento y que, por muy reina de los cielos que sea, muy madre de Dios, Ella sufrió, pero como una madre cualquiera. También me gustaría que salgan contentos con mis palabras, que les gusten y que disfruten y, sobre todo, que les hagan reflexionar.




























