Carlos Bernal León, militar de Dos Hermanas en la Antártida

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El militar Carlos Bernal León será uno de los 13 integrantes del 40º Contingente Antártico del Ejército de Tierra en la Campaña Antártica. Natural de Tenerife, es nazareno de adopción y de corazón, ya que lleva dos años viviendo en Entrenúcleos. Tras sendas misiones en Afganistán y el Líbano, el próximo mes de noviembre cumplirá su sueño de viajar a la Antártida en esta misión de apoyo a la comunidad científica española e internacional en la zona, concretamente en la isla Decepción, en la Base Gabriel de Castilla.

«Llevaré la flecha de distancia del municipio y la bandera en mi equipaje de mano para colocarlas con orgullo en un mástil sobre territorio antártico»

¿Quién es Carlos Bernal León?
Carlos Bernal León es un vecino de Dos Hermanas que nació en Santa Cruz de Tenerife: «Mis padres son sevillanos, pero por motivos de trabajo nací en las Islas Canarias. Sin embargo, teniendo solo seis años, pusimos rumbo de vuelta a la capital hispalense. Estuve viviendo en Sevilla hasta los 19 años, aproximadamente, momento en el que me alisté en el Ejército. Desde entonces, he tenido varios destinos militares y, aunque mi andadura militar ha estado muy vinculada durante muchos años a Canarias, hace ya unos años que he vuelto destinado a Sevilla, estando cerca de cuatro años en la Unidad Militar de Emergencias (UME) y, actualmente, en el Regimiento de Guerra Electrónica n.º 32 (Base El Copero, Dos Hermanas)».

¿Y su vinculación con Dos Hermanas?
Llevo dos años viviendo en la zona de Entrenúcleos, la mejor decisión que he tomado en mi vida, ya que es el barrio del futuro de Sevilla; pero ya conocía Dos Hermanas desde hacía muchos años. Lo hice a través de un íntimo amigo mío y compañero, Antonio Diosdado Cardona, que también es militar. Había venido a comer a esta ciudad muchas veces y también he estado jugando al fútbol en algunos de sus campos.

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¿Tu vocación por el Ejército la tuviste clara desde el principio o cómo descubriste que querías ser soldado?
Mi idea con 18 años era simplemente conocer el mundo y tener una experiencia fuera de mi ciudad; quería irme de casa. Mi padre, que había hecho el servicio militar obligatorio, me sugirió que el Ejército era un buen futuro para mí y que estudiase la carrera militar. A raíz de ese comentario, decidí afrontar el reto de irme a las Islas Canarias y me alisté en el Ejército de Tierra. Empecé allí y, hasta el día de hoy, fue la mejor decisión que pude tomar. Es verdad que me tocó vivir un poco de la mili antigua al principio, antes de poder incorporarme como profesional, pero aquellos tres primeros meses marcaron definitivamente mi futuro.

Desde aquel chico que se fue a Tenerife hasta el militar que tengo hoy delante, preparando un despliegue en la Antártida, la evolución ha tenido que ser enorme.
Imagínate. Llevo ya 24 años en el Ejército de Tierra, he pasado por la escala de tropa y marinería: fui soldado y cabo, después estudié la carrera militar, formando parte de la promoción 34.ª, del año 2007 al 2009 en la Academia de Ingenieros, tras superar la correspondiente oposición y examen de acceso. Desde que salí de la academia en 2009 como militar de carrera, siempre he tenido muy presente el abanico de oportunidades: realizar misiones en el extranjero y formarme en el ámbito de las transmisiones militares.

¿Cuándo pensó por primera vez en la Antártida?
Realmente, han pasado muchos años desde mi primera solicitud hasta que he tenido la suerte de ser seleccionado. Han sido diez años de constante preparación personal y profesional. He sido autodidacta en muchos de los cursos que he realizado, enfocando mi currículo en estos últimos diez años con un único objetivo: conseguir que, al menos, me llamasen para la entrevista de selección. A la tercera ha sido la vencida. Esta oportunidad es una de las mayores ilusiones de mi vida, tanto en el plano personal como en el militar.

¿Cómo funciona exactamente ese proceso de selección a nivel nacional?
Primero sale la convocatoria oficial del Ejército de Tierra, donde se detalla una serie de requisitos. En mi caso, buscaban a un suboficial de telecomunicaciones con una serie de cursos y experiencias relacionadas con el área de tranmisiones. Una vez que cumples los requisitos, redactas tu currículo y tu hoja de servicios, y se los envías a la OCA (la Oficina de la Campaña Antártica). Allí se reciben todas las
peticiones a nivel nacional y se trasladan al que será el jefe del contingente y de la campaña. Es él quien, trayectoria en mano, decide a quién entrevista. En esta campaña fuimos en torno a 30 aspirantes para ser el suboficial CIS (Telecomunicaciones) de toda España. De esos 30, solo cuatro llegamos a la fase de entrevistas. Es una entrevista presencial con el propio jefe de campaña, de unos 40 minutos, donde evalúa si eres el candidato apto para el puesto en concreto y para formar parte de la familia del contingente antártico.

¿Y qué se siente en el momento exacto en el que te comunican que has sido el seleccionado después de tantos años de espera?
Fue increíble. Llamé de inmediato a mi pareja, María, con los ojos llenos de lágrimas y medio saltones de la emoción. Se lo conté y no me lo creía. Es más, te lo estoy contando ahora mismo y me vuelvo a emocionar. A día de hoy sigo sin creérmelo del todo. Hasta que no pise el suelo antártico y diga «ya estoy aquí, lo he conseguido», creo que no seré plenamente consciente.

El lema de la campaña es «Por la paz y la ciencia en la frontera del conocimiento». ¿Cuál va a ser su papel concreto dentro del contingente?
Cada área de la base tiene asignado un papel muy específico. En mi caso, formo parte del equipo de comunicaciones. Vamos únicamente dos personas en esta área: mi capitán, Javier Delgado Martín, que es el jefe del área de comunicaciones, y yo. Nuestro trabajo consiste en garantizar todo el enlace de la Base Gabriel de Castilla con el territorio nacional, tanto de voz como de transmisión de datos. Debemos asegurar que cualquier persona que pise la base pueda coger su teléfono móvil, llamar a su casa, enviar los datos de sus proyectos de investigación, ver la televisión… En definitiva, dar soporte total a todas las necesidades de telecomunicaciones.

¿Se puede decir que sois el soporte vital para que el equipo científico pueda desarrollar sus investigaciones y transferir los resultados?
Exactamente. Nuestra razón de ser allí es apoyar en todo momento a los científicos en lo que necesiten. Hace poco comentábamos el diseño del cartel de la campaña, que refleja a dos militares sosteniendo una burbuja de cristal dentro de la cual están los científicos, calentitos y completamente enfocados en sus investigaciones; mientras que los militares estamos a la intemperie, con el pingüino al lado y soportando las duras condiciones para que sus proyectos científicos salgan adelante y todo funcione a pedir de boca.

¿Cuándo se marchan hacia la Antártida y cuánto tiempo permanecerán allí desplegados?
Nuestra partida está prevista entre los días 20 y 25 de noviembre. Volaremos desde Madrid hacia Santiago de Chile, y de ahí a Punta Arenas, donde embarcaremos en el buque oceanográfico Odón de Buen para cruzar el mar de Hoces (el pasaje de Drake), lo que nos llevará unos tres o cuatro días de navegación. La idea es abrir la base el día 1 de diciembre para que los primeros proyectos científicos puedan empezar cuanto antes, en torno a los días 7 o 10 de diciembre. Estaremos allí durante todo el verano austral. Una vez finalice la campaña, a finales de marzo o principios de abril, cerraremos por completo la base. El Ejército de Tierra español no se queda allí durante el invierno (la invernada). La base permanecerá cerrada hasta la siguiente apertura, en noviembre o diciembre de 2027.

«Han pasado muchos años desde mi primera solicitud hasta que he tenido la suerte de ser seleccionado. Han sido diez años de constante preparación personal y profesional»

Antes de partir, habéis tenido que superar un riguroso proceso de preparación colectiva. ¿En qué ha consistido?
La preparación consta de varias fases muy exigentes en las que nos entrenamos los 13 miembros que conformamos el contingente de esta 40.ª Campaña Antártica. La fase de montaña, que se llevó a cabo en Jaca (Huesca), con una semana de entrenamiento intensivo en condiciones reales de nieve y frío. Fue una fase muy dura, cargando mochilas de casi 20 kilos y caminando con crampones. La segunda fue la fase de relevo, en Zaragoza, donde nos reunimos con nuestros predecesores en el contingente para hacer el traspaso de conocimientos. La fase de navegación, que se desarrolla en O Grove (Galicia) durante cinco días, es la tercera y consiste en preparar a todo el personal en el manejo de embarcaciones neumáticas rápidas (zodiacs). Esto es vital porque la isla tiene forma de «C» o herradura, con un lago interior, y para trasladar a los científicos a los distintos puntos de investigación debemos navegar de forma totalmente segura. La fase de despliegue es la última y se inicia con el viaje.

A nivel individual, ¿también ha tenido que realizar alguna formación específica en su materia?
Sí, he realizado formación especializada en sistemas de telecomunicaciones e información, y satélites. Además, aunque ya tenía nociones previas, he realizado un curso para certificarme como operador oficial de drones, por lo que seré el operador de dron de la campaña. Por otro lado, en el binomio de comunicaciones estamos actualmente realizando lo que llamamos la «Maqueta CIS». Consiste en montar físicamente y probar aquí en España todos y cada uno de los equipos de telecomunicaciones que se van a desplegar en la Antártida.

Mirando tu hoja de servicios, impresiona ver que has estado desplegado en zonas de operaciones más complejas, como son Afganistán o el Líbano. Esta misión en la Antártida no tiene nada que ver con aquello, ¿verdad?
No, no tiene absolutamente nada que ver. Con ambas misiones he podido crecer como militar; han sido misiones de la OTAN y la ONU, las cuales se desarrollan de forma diferente. Esta será una misión de carácter puramente científico, cívico y militar. No obstante, haber estado previamente en zonas de operaciones es un requisito muy valorado en el currículo para ser seleccionado. En la Antártida vas a convivir estrechamente con una «familia» de otras 12 personas a las que no conoces de mucho, y en condiciones de aislamiento extremo donde
pueden surgir roces. Haber vivido despliegues previos te da las herramientas para pulir esos detalles, gestionar la convivencia y afrontar la misión con mayor tranquilidad, seguridad y madurez, permitiéndote disfrutar de la experiencia al máximo.

La Antártida evoca grandes relatos literarios y expediciones históricas. El propio Ministerio la define como la mayor reserva natural del planeta, dedicada a la paz y a la ciencia. ¿Te da la sensación de ir a un lugar casi irreal o de ciencia ficción?
Sí, totalmente. Mis amigos más cercanos me dicen de broma que es como si fuera a la Luna. Es obvio que ha ido mucha más gente a la
Antártida que a la Luna, pero si piensas en los miles de millones de personas que habitamos el planeta, solo unas pocas decenas de miles han tenido el privilegio de pisarla. Es un continente virgen y debe seguir siéndolo. Cuanto menos contaminado esté el entorno, más limpios, exactos y beneficiosos serán los resultados de las investigaciones para toda la humanidad. Allí la naturaleza se muestra en su mayor esplendor, ofreciendo al científico un laboratorio único sin interferencias externas.

¿El aislamiento geográfico también impresiona?
Estaremos a 13 000 kilómetros de casa y a 1000 kilómetros del punto civil más cercano. Te hace reflexionar mucho. Estar en un lugar donde sabes que, si te ocurre algo verdaderamente grave, el hospital más cercano en Punta Arenas o Ushuaia está a un mínimo de cuatro días de navegación cruzando el paso marítimo más peligroso del mundo… impone. Pero precisamente por eso nos preparamos de forma tan exhaustiva. Somos 13 profesionales que confiamos ciegamente los unos en los otros. Somos una familia y sabemos que nos cuidaremos
mutuamente.

Como canario de nacimiento y andaluz de adopción, ¿cómo se prepara mentalmente para vivir a temperaturas bajo cero?
Si te soy sincero, yo en Sevilla, cuando hay temperaturas bajas, lo paso fatal; tengo muchísimo frío. Pero, como buenos militares, al tercer día de estar allí nos adaptaremos perfectamente. Ese grado o cero grados de temperatura media que tendremos en el verano austral nos
parecerá como si fuesen 20 en Sevilla. Con la mente ocupada a tope en el trabajo, el frío será el menor de nuestros problemas. Además, hay que tener en cuenta que Decepción es una isla volcánica activa. Eso significa que no está cubierta de hielo en su totalidad porque la tierra emana calor de forma constante. Hay zonas con fumarolas donde metes la mano en el agua y llega a quemar. Incluso te puedes bañar en algunas áreas como si fuesen auténticas aguas termales. Es un sitio verdaderamente curioso.

Por curiosidad, ¿qué se lleva un militar en la maleta para ir a la Antártida?
Para el equipamiento técnico hay un listado de material muy estricto y normativo que todos llevamos por igual: trajes técnicos de montaña de alta gama, polainas, guantes de Gore-Tex para frío extremo, botas de excelente calidad y, por supuesto, gorros de lana para evitar que el calor corporal se escape por la cabeza. Vamos extraordinariamente bien equipados.

¿Y en el plano más personal o sentimental?
Por supuesto, me llevaré algún detalle de mi pareja, María, para sentirla cerca allí. En lo deportivo, me llevaré mi bandera del Sevilla FC para lucirla con orgullo. Y en lo institucional, llevo algo muy especial: el alcalde de Dos Hermanas me hizo entrega de una réplica de la flecha de distancia del municipio y estoy pendiente de recibir también la bandera de la ciudad. Ser el primero de los 13 componentes en ser recibido por su alcalde ha sido un honor inmenso. Llevaré la flecha y la bandera en mi equipaje de mano, junto al ordenador, para colocarlas
con orgullo en un mástil sobre territorio antártico.

Se nota que, aunque hayas vivido en muchos sitios, te sientes profundamente de Dos Hermanas.
Sin duda. Al final, donde uno pone su casa, pone su vida. Mi intención, si Dios quiere, es formar una familia en el futuro y que sea nazarena, viendo crecer a mis hijos en uno de los mejores barrios de la provincia. Aunque en mi DNI no ponga que nací en Dos Hermanas, puedo decirte con total seguridad que me siento nazareno de corazón.

Además de ser un militar con experiencia en misiones complejas, eres una persona con aficiones comunes: te gusta el fútbol, montar Lego, hacer puzles, estudiar inglés… ¿Qué vas a echar más de menos durante estos cuatro meses?
Echaré de menos esos ratos con los amigos viendo al Sevilla —aunque el año pasado lo pasamos un poco mal con los resultados—, disfrutando de una cerveza fresca bajo el buen tiempo sevillano. Y, por supuesto, compartir tiempo con María montando Legos o
puzles, que es algo que nos encanta. Pero sinceramente, voy muy enfocado en el trabajo y en aportar mi granito de arena. Serán cuatro meses de actividad frenética que se pasarán volando. No habrá tiempo para estar llorando por las esquinas.

Por último, Carlos. Has estado en Afganistán, Líbano y ahora cumples el sueño de la Antártida. Cuando regreses en abril de 2027, ¿cuál será tu siguiente paso? ¿Tienes ya en mente nuevos horizontes?
Soy una persona muy inquieta, tanto en el plano militar como en el civil. Considero que todos deberíamos marcarnos siempre un nuevo objetivo, un pasito más para mantener viva la ilusión en nuestro trabajo. Actualmente, estoy estudiando muy duro para certificar un nivel de inglés cercano al C1. Mi gran objetivo de futuro —siempre consensuado con mi pareja— es intentar conseguir un destino internacional de varios años en el extranjero.

Por último, me gustaría añadirte que animo a todas las nazarenas, a todos los nazarenos y a todos los lectores de La Semana a que, cuando se abra la ventana de apadrinamiento de pingüinos de la Campaña Antártica del Ejército de Tierra el próximo mes de diciembre, se animen a apadrinar. Es completamente gratis, se tarda un minuto en hacerlo y te mandamos un diploma en PDF a tu correo, con el fin de ser un poco más conscientes y responsables con nuestro medio ambiente, y para ver los lazos entre su Ejército de Tierra y la comunidad científica.

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