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La Virgen de Valme convirtió su carreta en un cielo azul para hacer frente a una romería marcada por la inestabilidad. Fue un tercer domingo de octubre nuboso y con algo de lluvia en el último tramo de la Carretera Vieja y la llegada a la barriada de Bellavista, durante el camino de ida. Valme fue llevada a su ermita del Cerro de Cuarto en su carreta de flores de papel que recuperaba, desde 2018, las tonalidades cromáticas blanca y turquesa.

Además, la Virgen lució, como uno de los grandes aciertos de la jornada, el manto de terciopelo color turquesa con flores de lis bordadas en plata, procedentes de un antiguo ornamento del siglo XIX, realizado por Samuel Cervantes. Se estrenó en noviembre de 2023 con motivo del traslado a Sevilla para la conmemoración del 775º aniversario de la Reconquista cristiana de la capital hispalense. La imagen llevaba una toca de tul bordada en plata, obra de José Antonio Grande de León (2012) y las coronas, como es costumbre, fueron las labradas en oro por Fernando Marmolejo para la coronación canónica

Fue una romería especial, la primera sin María Luisa Díaz Núñez, la camarera de la Virgen, y en su recuerdo, siempre muy cerca de Valme, se colocó en el cojín de la jamuga que realizara en 1953 Manuel Cerquera un broche de oro con su nombre MLuisa.

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En una romería con festivo local en el horizonte fue mucho el público que se echó a la calle durante toda la jornada. Tras la misa la romeros, con el día aún rezagado en la oscuridad de las últimas horas de la noche, la Virgen fue portada desde el altar mayor hasta su carreta por el pregonero de la romería 2026, Adrián Ríos Bailón; el párroco de Santa María Magdalena, Manuel Sánchez de Heredia; Francisco José López Martínez, párroco del Ave María y el Divino Salvador, además de Arcipreste de Dos Hermanas; e Isacio Siguero, secretario general y canciller del Arzobispado de Sevilla. Como banda sonora del momento, como cada tercer domingo de octubre, apostados en la puerta, el Coro de Valme.

Un cortejo de caballistas y amazonas de Valme fue abriendo paso a la multitud que se agolpa cada año en Los Jardines para vivir la salida de la romería y echar a andar con destino a la Ermita de Cuarto. La larga comitiva de colores que acompaña a Valme en su romería estuvo integrada por 19 carretas, que rodean la Plaza de la Constitución durante la salida, y 57 galeras, que se suman al cortejo desde las calles Santa Ana y Real Utrera.

José Manuel y Manuel, los boyeros que llevaron a la Virgen hacia sus orígenes, el monte de las plegarias del Rey San Fernando, fueron guiando a los bueyes por las calles del centro de Dos Hermanas entre cantos, ofrendas flores y petaladas, como las vividas en la esquina de Los cuatro cantillos o las dos de la calle Botica, donde, desde el balcón de la Peña Bética Nazarena, le volvió a cantar el Coro de Valme. Eran más de las nueve de la mañana y el cielo comenzó a ir a juego con las tonalidades cromáticas que envolvían a la Virgen en esta romería, aunque cubierto por un mal de nubres grises.

Tras dejar una de las imágenes más impresionantes de la mañana, a su paso por el puente de la Avenida de Sevilla, la comitiva se fue despidiendo de la ciudad a medida que enfilaba la Avenida de la Libertad. Allí, como ya es tradicional, la Banda de Santa Ana, que acompaña con sus pasodobles a la Virgen de Valme durante la salida, interpretó los Himnos de Andalucía y España, antes de entonar la Salve y que los vivas de Daniel Vaquero pusieran la guinda a este acto de despedida oficial de la comitiva por la autoridades.

El día se fue ensombreciendo a medida que la comitiva se adentraba en la Carretera Vieja que les conduciría a la barriada de Bellavista. Las nubes negras fueron envolviendo el cortejo y, de fondo, los truenos de tormentas cercanas. Como ya es tradición, la carreta de la Virgen se paró delante de la Residencia de la Paz, donde la esperan cada tercer domingo de octubre sus abuelos y abuelas para verla y hacerle una ofrenda de flores. El párroco de Santa María Magdalena se encargó de repartir la devoción a Valme a modo de estampitas que fue entregando a las personas usuarias.

El cortejo avanzaba sin prisa, pero sin pausa, ganando terreno al retraso temporal que suele dejar la salida de la romería por el bullicio del centro de la ciudad y las ofrendas que recibe la Virgen a su paso. Cuando la romería pasó las dependencias de Tráfico, las primeras gotas de lluvia hicieron acto de presencia, como los primeros paraguas y chubasqueros con los que se cubrían los peregrinos en su caminar a Cuarto. La parada en la capillita de Los Merinales fue más rápida de lo habitual por la aparición de esta borrasca, aunque se rezó a la Virgen y se le cantó.

Fue a partir de este momento cuando la lluvia comenzó a ser más persistente y el camino se llenó de un mar de paraguas que envolvían la carreta de la Virgen bajo nubes negras que que querían ensombrecer, aunque no podían, el cielo particular que Valme llevaba en su carreta turquesa. Delante de la misma, algunos integrantes del coro de la hermandad, junto a los cantantes Manuel Lombo y Rocío Avilés Ortega ambientaron con sus cantos los últimos metros del camino con su destino ya en el horizonte.

Antes de bajar por el subterráneo que le da acceso a la Barriada de Bellavista y que separa los términos de Dos Hermanas y Sevilla, la romería bordeó la glorieta del  kilómetro 1 de la carretera A-8032, que el Ayuntamiento nazareno había adecentado recientemente, dejando una apariencia más bonita para esta celebración. La Virgen de Valme fue recibida por los vecinos y vecinas de Bellavista, que la esperaban en este puente, con vivas y aplausos. Aún no era la una de la tarde cuando hacía su entrada en su otro barrio.

A su paso por este barrio sevillano, la Virgen se presentó en la Parroquia del Sagrado Corazón, donde también anida su devoción a través de una antigua hermandad que está en fase de recuperación y que le hizo una ofrenda de un ramo de flores.

Bajo un cielo negro, pero sin lluvia, Valme llegó a su destino, la Ermita de Cuarto, que la recibía con el tañir de su campana. La hermana mayor, Isabel María Caballero Holgado, junto a varios sacerdotes, fue la encargada de portar a la Virgen desde su carreta hasta el interior de la ermita, mientras su Coro de Valme le cantaba en la puerta. Con la Virgen en el altar, comenzaba la misa predicada por Manuel Sánchez de Heredia, párroco de Santa María Magdalena

Con alguna gota despistada y bajo un cielo negro, el Cortijo de Cuarto se preparó para sus horas de convivencia y descanso de carreteros y galeristas. Este año como novedad, destacó el nuevo y amplio espacio habilitado a la trasera de la ermita, donde se ubicó el mayor grueso de galeras del cortejo, mientras que las 17 que optaban a premio se instalaron, como siempre, frente al templo. Además, los bueyes de carretas y galeras también se desplazaron a una nueva ubicación para dejar más amplia la explanada delantera de la ermita.

Las mesas y sillas comenzaron a desplegarse en torno a carrertas y galeras, cubiertas por toldos por si la lluvia le daba por volver a hacer acto de presencia. Se encendieron los fuegos y se comenzaron a calentar los peroles con guisos de carne con tomate o arroz. En las mesas, de desplegaban la mejor chacina y las gambas, tortillas, croquetas, empanadas o filetes. La fiesta no decayó en ningún momento, mientras una larga cola de personas, que no desapareció en ningún momento, esperaba en la puerta de la ermita para ver a la Virgen de Valme.

La lluvia respetó el camino de regreso a Dos Hermanas iniciado a las 18:00 horas, tras el rezo del Santo Rosario. Valme se despidió de la ermita que mandó a construir Fernando III y que se reconstruyó por iniciativa y patrocinio de los duques de Montpensier, el infante Antonio de Orleans y la infanta Luisa Fernanda de Borbón.

Con la tranquilidad del lunes festivo para los vecinos y vecinas de Dos Hermanas, la comitiva llegó con una hora de retraso a la ciudad sobre el horario oficial previsto. La gente aguardaba la llegada de su Virgen desde las nueve de la noche, mientras los primeros cohetes se escuchaban en la lejanía. El público se arremolinaba en el entorno de la barriada de San Antonio, a la bajada del puente de la Avenida de Sevilla o en la Plaza del Arenal.

La Banda de Dos Hermanas Santa Ana volvió a acompañar a la Virgen durante su paseo de vuelta por la ciudad tras una nueva romería, destacando la llegada a la Plaza de la Constitución. Los músicos de la banda interpretaron el pasodoble más célebre e icónico de la música española, qye compusiera Antonio Álvarez Alonso. A los sones de Suspiros de España, la carreta de la Virgen abandonaba la calle Santa María Magdalena para adentrarse en Los Jardines.

Una vez en la puerta, la Virgen fue bajada y portada hasta el altar efímero que se coloca en la puerta del templo mientras pasan por delante de ella las carretas y galeras. Siendo el alcalde de la ciudad, Paco Rodríguez, una de las manos que llevaron la jamuga de la Virgen. Este momento es aprovechado por la hermandad para entregar los premios a los mejores exornos de carreteros y galeristas. La alegría y una cierta desilución se mezclan en este final de jornada, al que le puso el epilógo la Protectora de todos los nazarenos y nazarenas cuando, a la medianoche, hizo su entrada en el templo.

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