Lo que se vivió en la Parroquia de Santa María Magdalena el pasado domingo, día 11, con motivo del Pregón de la Romería de Valme 2026 fue una auténtica ofrenda devocional a la Virgen de Valme de la Parroquia de San Juan Pablo II, con su párroco al frente, como su pregonero. Un agradecimiento muy musical por la visita que la Protectora realizó a este templo de Olivar de Quintos con motivo del 50º Aniversario de su coronación canónica. Adrián Ríos Bailón abrió su corazón, como nunca antes lo había hecho a la Virgen en un auténtico ejercicio de fe y devoción, para el que se arropó por todos los coros de su parroquia, que pusieron banda sonora al pregón.

Semblanza personal y espiritual
Jesús Manuel Linero Candil fue el encargado de hacer una semblanza personal y espiritual del pregonero, comenzando por explicar el Camino de Santiago que los unió allá por el año 2010. El presentador destacó que su fe y devoción se forjaron en el Patio de Banderas de Sevilla, junto a su abuela materna, mirando a la Giralda y a la Virgen de la Reye, siendo también importante para su vocación la figura del Padre Bravo.
Antes de entrar en el seminario y ordenarse como sacerdote en 2004, Adrián estudió Derecho y trabajó varios años en un banco. En esta nueva etapa, Jesús Manuel puso en valor su labor para levantar la nueva Parroquia de San Juan Pablo II, en la zona de Olivar de Quintos, «desde una cruz en una descampado», como su párroco fundador en 2014. «Soñad y os quedaréis cortos», parafraseó el presentador a San Josemaría Escrivá para describir esa gesta. Desde ese momento, Adrián Ríos Bailón ha mantenido un vínculo muy estrecho con la Virgen de Valme, recibiéndola en su parroquia en 2023 y, en dos ocasiones, en la Santa Iglesia Catedral de Sevilla, como canónigo.
En lo personal, el pregonero fue presentado como una persona coherente, austera, auténtica y profundamente volcada en la oración y el celo apostólico, destacando su entrega paternal como sacerdote. Antes de darle paso para su anunciación de la Romería de Valme, el presentador afirmó que «tú dices que los sacerdotes no estáis para pregones, sino para sermones. Pero hoy la Virgen te quiere aquí para que le abras tu corazón al pueblo de Dos Hermanas». Concluyendo con un guiño a San Juan Pablo II, con su conocida divisa mariana «Totus Tuus», «Todo tuyo, Virgen de Valme«.
Imploración a Valme
«Váleme bien en este canto que te quiero dar. Váleme por tu amor, váleme por caridad. Mírame, Virgen de Valme, nada más; hoy implora aquí tu hijo convertido en pregonero«. Como hiciera el Santo Rey San Fernando, invocando su intercesión, Adrián Ríos Bailón suplicó de esta manera a la Virgen de Valme, pidiendo ser su instrumento para proclamar su amor a todo el pueblo de Dos Hermanas, ya que, como afirmó durante su pregón, «todo me lo ha dictado Ella». Sobre todo, tras las dudas y la inquietud que experimentó con su nombramiento, sintiendo «un sentimiento de indignidad e incapacidad» por ser «un desconocido para gran parte del pueblo por haber llegado recientemente desde Montequinto». Pese a ello, aceptó la misión haciendo propio el «Hágase y la actitud humilde de la Virgen María».
A partir de este momento, el pregonero se adentró en su vivencia pastoral como párroco de San Juan Pablo II en Montequinto, narrando cómo la presencia de la Virgen de Valme transformó a una comunidad periférica. Desde su llegada a Dos Hermanas, recordó, «abrigaba en silencio el deseo de que la Virgen de Valme visitara la parroquia«. Para ello, comparándose con «la viuda insistente del Evangelio», perseveró en la oración y aprovechó cada encuentro con la hermandad y las autoridades para recordarlo. Adrián dedicó un profundo pasaje poético a esta talla fernandina, destacando que la Señora de Valme «no precisa de castillos, torres ni coronas terrenales, pues Dios prefirió esconder su gloria en una imagen de apenas tres palmas de madera que reina directamente en los corazones».

Visita de la Virgen
Una visita, en 2023, dentro de los actos del 50º Aniversario de su coronación, a la que el pregonero dedicó buena parte de su ofrenda devocional hecha pregón. Y para transmitir lo que supuso la estancia de Valme en San Juan Pablo II, lo hizo a través de la historia de Lucía, una feligresa que dedicó su vida a coser y planchar en el centro de Dos Hermanas y, tras su jubilación, a Olivar de Quintos, «sintió una gran lejanía» de la Virgen, a la que visitaba cada mañana de su jornada laboral. Por ello, al ver que iban a levantar un templo, «experimentó la alegría del anciano Simeón en el templo de Jerusalén». Nueve años después, «al recibir a la Virgen de Valme en su propia parroquia de Montequinto, rompió a llorar rememorando el saludo de Santa Isabel a María».
Tras describir la estancia de la Virgen en el templo como un derroche de «fe y creatividad popular», Adrián Ríos Bailón evocó con profunda emoción el hito de haber llevado sobre sus hombros a la Señora de Valme a su llegada a la Catedral de Sevilla con motivo de la celebración del 750 Aniversario de la restauración del culto cristiano en la ciudad. «Aún tengo en la memoria andar sobre las naves buscando la capilla de uno de sus mayores devotos, su querido Fernando… Hoy soy yo el que canta para mi Virgen regia». De esta manera rememoró el recorrido por las naves catedralicias hasta posarla ante la capilla de su mayor devoto.
Romero de Valme
Con estas dos vivencias sobre sus espaldas, el pregonero evocó cómo la devoción a la Virgen de Valme hermana el legado histórico del Santo Rey San Fernando en la Catedral de Sevilla con la vida parroquial bajo la intercesión de San Juan Pablo II en Montequinto, contemplando a ambos santos unidos en la veneración a la Señora.
El pregón concluyó renovando la encomienda sacerdotal con la fusión de las dos plegarias del pregón: «Váleme, Señora mía» y «Totus Tuus», para lo que pide a la Virgen que mantenga su mano protectora sobre todos sus hijos. «Hoy te alabamos tus hijos en nuestra humilde morada. Somos tu pueblo, tú nuestra amada, Virgen bendita de Valme, bienvenida y bien hallada».
Con la espinita de no haber vivido nunca la romería hasta la ermita de Cuarto, Adrián recibió el encargo de Valme, durante el Vía Crucis de Cuaresma, de que el pregón de su romería debía escribirse en su ermita. Pero, la otra petición, fue que tenía que ir andando desde la Parroquia de San Juan Pablo II. Encargo que cumplió todos los jueves de mayo, el mes de la Virgen. Convirtiéndose, de esta forma, en romero de Valme, peregrinando a Cuarto con su medalla, para poder poner el epílogo a su pregón asegurando que «aquí se rinde el corazón de este cura enamorado, nazareno de adopción que su amor ha pregonado«. Pidiendo a la «Virgen bendita de Valme, con Fernando, nuestro santo rey cristiano: váleme con tu mirada y sígueme conquistando. He dicho».



La parroquia cantó a Valme
La mejor banda sonora que este pregón parroquial podría tener fue la de su feligresía. Todos los coros de San Juan Pablo II compusieron plegarias cantadas para la Virgen de Valme, que interpretaron durante el pregón. Cantó una pieza flamenca Antonio Carrión; la familia de José María Rodríguez Postigo y Lourdes Góper también participó con sus cantos; como el coro rociero de las misas de Navidad o el coro de las misas dominicales vespertinas. Destacando el Ministerio de Alabanza con la magistral interpretación de la Secuencia del Espírutu Santo de Pentecosté o la coral polifónica de la parroquia que cantó una habanera a Valme. Hasta el propio pregonero se animó a entonar su voz, cantando la Cantiga de Juan de Encina, que es la que cantan los canónigos en oficio coral de la Catedral en memoria de la Virgen, pidiendo su valimiento. Estuvo arropado por la cándida voz de María Fidalgo y el acompañamiento musical de su padre Estefan Fidalgo, al violín, y Sara Lancharro, al chelo.






























