Sonia Lasa ha llevado el nombre de Dos Hermanas a lo más alto del panorama literario nacional tras conquistar el IV Premio Literatura Diversa, uno de los certámenes de temática LGTBIQ+ más prestigiosos del país. El galardón, impulsado por la Editorial Siete Islas en colaboración con entidades de la talla de MADO (Madrid Orgullo), la Asociación Pasaje Begoña y el festival Muestra•t, le fue entregado durante la celebración del Maspalomas Pride, en Gran Canaria, por su obra La memoria del olivo.
Esta periodista guipuzcoana, natural de Beasáin, aterrizó en Dos Hermanas en 2009 por amor. Desde entonces reside junto a su mujer, Marga Roldán Zafra, en la barriada de Las Portadas. Su vinculación con el municipio es tal que su novela premiada tiene como protagonistas a las mujeres aceituneras, pilar fundamental de la historia nazarena.
Un debut triunfal en los certámenes
Para Lasa, el éxito ha sido «llegar y besar el santo», pues era el primer concurso literario al que se presentaba. Decidió dar el paso tras una etapa de desencanto editorial, ya que “sentía que se daba más visibilidad a las obras de autores masculinos y ensayos que a las escritas por mujeres”, explica la autora.
Recibir este reconocimiento entre 62 novelas participantes ha sido, en sus palabras, “todo un honor” y un espaldarazo a su trayectoria porque “supone un impulso mediático y un reconocimiento a mi evolución como escritora”.
Homenaje a las aceituneras y compromiso histórico
La memoria del olivo, que será publicada bajo el sello de la Editorial Siete Islas, es su sexta novela y, quizás, la más especial. “Quería rendir homenaje a las aceituneras, tan importantes en Dos Hermanas, y seguir recuperando episodios de la memoria histórica”, afirma. Para armar la trama, Lasa se inspiró en la historia real de nueve aceituneras de San Juan de Aznalfarache detenidas al inicio de la Guerra Civil, encarceladas en el buque-prisión Cabo Carboeiro y finalmente fusiladas.
A partir de este trágico suceso, la autora narra la historia de amor entre dos aceituneras, una de ellas sindicalista. Su objetivo es claro: reflejar las dificultades de amar entre mujeres en épocas donde el contexto social lo hacía casi imposible.
Esta vocación por el pasado ya estaba presente en sus obras anteriores. En La chica de Riotinto exploró las luchas mineras de los años 20, mientras que en La soledad de Bloomsbury reivindicó a las mujeres de la generación de Las Sinsombrero.
Literatura como refugio y visibilidad
La carrera literaria de Sonia Lasa comenzó en 2016 como una forma de terapia tras el fallecimiento de su madre. Tras una primera autoedición y cuatro títulos con la editorial Egales, ha consolidado una voz propia centrada en dar referentes al colectivo LGTBIQ+. “Escribo para que las adolescentes encuentren esas historias que yo no pude hallar en mi juventud; para que vean estas relaciones con total naturalidad”, señala.
Su estilo huye de artificios: es sencillo, directo y social. “Me gusta ir al meollo de la cuestión y que el lector imagine a los personajes sin descripciones excesivas”, confiesa. Además, ve en la escritura una herramienta educativa contra la desinformación juvenil sobre la historia reciente “para que estos episodios no vuelvan a repetirse por desconocimiento”.
Futuros proyectos y el fin de las etiquetas
Lasa no se detiene. Ya tiene una novela presentada a concurso sobre un intento de atentado contra Franco en el País Vasco y trabaja en un nuevo proyecto con el universo de Dalí como telón de fondo.
Aunque reconoce que etiquetas como «literatura LGTBIQ+» ayudan a ganar visibilidad inicial, la autora defiende que sus libros son, ante todo, novelas de ficción e históricas que aspiran a ocupar un lugar en cualquier estantería, sin necesidad de clasificaciones exclusivas.




























