Difícil adiós

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Qué difícil resulta tener que resignarse a acatar lo que el destino forzosamente te hace asumir, sin comprender las razones objetivas que lleven a que tu situación cambie de la noche a la mañana. Ya hoy todo toca a su fin. Han sido ocho meses de angustia y tensión esperando que llegara el momento en que tuviera que decir adiós a todos cuantos me han apoyado y han sabido valorar mi esfuerzo y empeño por conciliar el bienestar educativo con el personal tanto de alumnos y profesores como del personal laboral y padres. Parece que hace tan sólo unas horas cuando recuerdo aquel 5 de septiembre de 2005 en que por primera vez llegué al I.E.S. Gonzalo Nazareno. Difíciles comienzos en los que tuve que adaptarme a una realidad socioeducativa muy diferente de los centros anteriores en que había trabajado. No obstante, mi posición ha sido siempre de colaboración desinteresada para contribuir a mejorar la situación del Centro en cualquier aspecto que precisara.

 

Me quedo con el recuerdo de junio de 2006 cuando me ofrecieron ser jefe de estudios basándose en valores y cualidades que durante ese año habían observado en mí: carisma, disposición y don de gentes. Desde aquel momento y hasta el día de hoy he realizado mi función desde la más absoluta objetividad atendiendo a tantos alumnos, profesores y padres que han requerido un mínimo ápice de mi tiempo. Me he visto envuelto en el gran proyecto de mi vida, para lo que he tenido que sacrificar durante dos años toda mi vida social y personal, pensando en herramientas válidas que ayudaran a mejorar cada año aspectos que facilitaran la organización y la convivencia de la comunidad escolar. Sin embargo, el pasado viernes 13 todo se vio truncado. Las formas no brillaron por su corrección y sutileza para notificar un cese que ya era previsible. Atrás quedarán todos los frutos de mi labor así como las actividades complementarias, las extraescolares, los viajes a Reino Unido de alumnos y profesores, los proyectos Comenius, las ayudantías lingüísticas, el proyecto bilingüe, el trato igual, el respeto, el enseñar a aprender y el aprender a ser que he intentado infundir en cada alumno del Centro. Me marcho con la satisfacción de haber hecho una gran labor reconocida por muchos; con la alegría de haber contribuido a escribir unas páginas de la historia de un centro donde un día estuve como alumno y al que volví como profesor. Y me marcho dejando atrás a grandes compañeros y amigos de los que he aprendido mucho a nivel profesional pero que también han sabido transmitirme valores tan humanos como la honestidad, la justicia, la objetividad y el mérito. Atrás quedarán también cientos de alumnos con los que he tenido la suerte de compartir estos años de mi vida, y que me han llenado de vitalidad y buen humor dándome las fuerzas necesarias para ir cada día con más y mejores ganas de enseñar.

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Por todo ello, y desde la impotencia de asumir injusticias absolutistas que rechazan cualquier tipo de valoración objetiva, aprovecho estas líneas para decir adiós a profesores, alumnos, padres, conserjes, limpiadoras y administrativas. Muchas gracias a todos por vuestro apoyo incondicional, por vuestro aprecio desinteresado y por haberme regalado tantos minutos de risas y complicidad. Siempre os llevaré en mi corazón.

 

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