Igualdad nórdica

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    Una característica típicamente sueca es la igualdad. Lo veo en muchos aspectos y a continuación daré ejemplos de ello en ámbitos sociales y profesionales.

    La herencia luterana ha hecho ascender a lo largo de los años cualidades como simplicidad, moderación y equilibrio, haciendo suyo el lema de “nadie es mejor que otro”. Se rechaza en general muchísimo la ostentación, el exhibicionismo del lujo y el derroche. La idea es que en una sociedad igualitaria, todos tienen que ser tratados igual.

    Esto explica también porqué Suecia es el país más feminista del mundo entero. El otro día me dieron por la calle un folleto rosa fucsia para votar al partido político feminista. ¡Me sorprendió muchísimo! Me parece estupendo que la mujer esté a la altura del hombre, pero también veo que con esto se pierde mucho encanto en el trato. Yo no encuentro al hombre sueco particularmente caballeroso, y la mujer sueca no es una dama, hablando generalmente. La igualdad y la galantería no son compatibles aquí, sino que hace que los tradicionales roles se confundan. Supongo que es como una moneda con sus dos caras, ya que esa igualdad hace sin embargo, que el hombre participe mucho en tareas de la casa y que se acoga frecuentemente al permiso de paternidad para cuidar a los hijos.

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    En el plano profesional existe la misma idea. A los presidentes, jefes y directores se les llama por su nombre, no se le agrega ni “don”, ni “doña”. En general tienen la puerta de la oficina abierta, esperan en la misma cola del comedor, comen la misma comida y se sientan con los demás trabajadores. No se usa la palabra “usted”, todos se tutean, independientemente de la edad o del estatus social. Muchas veces las decisiones se toman en grupo, para que todos tengan oportunidad de expresar sus opiniones y llegar a una solución aceptada por todos. Esto implica que a veces se tarde en llegar a la conclusión final. No hay tampoco tantas secretarias en general, ya que cada uno es responsable de su propia administración. Hace años, el entonces primer ministro, Thorbjörn Fälldin, apareció en ciertos medios de comunicación de otros países, porque fue fotografiado lavando sus calcetines en el fregadero de su apartamento alquilado.

    Hay más ejemplos prácticos en otras áreas donde se ve esta igualdad nórdica, pero sólo he querido mencionar algunos. Para entender una situación siempre intento traspasar la idea a países del sur de Europa. Con lo cual llego a la conclusión (exagerada) de que ni un Aznar, ni un Berlusconi esperarían en la cola de la Seguridad Social para coger número.
    Y con un sencillo, pero elegante saludo, me despido.

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