Emotivo pregón en el que primó la devoción a la Virgen de Valme
Lo que viene ahora es la crónica de una flor a la que rendimos culto, una evocación en voz alta fruto de mi aprendizaje en el Sagrario”. Con estas palabras comenzó su disertación Rafael López Márquez en un pregón muy devocional y parroquial, que estuvo marcado desde el principio por tres acepciones claves: la Virgen, las flores y el Sagrario.
A Valme se refirió como una fuente de vida que vence al tiempo, ya que “el tiempo pasa pero no pasa la Virgen” y su amor es “indestructible”. Al Sagrario lo definió como un “auténtico ejercicio catequético” con sólo mirar las paredes, donde descubrió la primera Romería de la historia a través de un retablo del Rey San Fernando, así como el verdadero motivo de la misma: “un continuo irse acercando para la unión con nuestra madre del cielo”. Y las flores, “espíritu de nuestra devoción”, siempre presentes en el Sagrario porque “siempre habrá alguien que quiera dar gracias a la Virgen”.
{xtypo_quote_right}“Somos diminutas flores para una Virgen que nos protege”{/xtypo_quote_right}
Con la flor como eje de su pregón, Rafael realizó una apología de las tradicionales flores de seda, “que se mantienen inalterables” y ahí reside su valor, al “echarles un pulso al tiempo”. En ese sentido, el pregonero afirmó que “somos responsables de los pétalos y “no tiene sentido apartarlos porque tienen su razón de ser”. “Sería descabellado”, sentenció, “olvidar el rizo de una flor”.
También apostó por el blanco en la Romería, “un color enigmático” pero protagonista de la misma, ya que “es el símbolo de la pureza de la Virgen Madre Inmaculada”, aunque “vaya mezclado con otros colores”. Por ello, y como el tercer domingo de octubre es el día de la pureza, López Márquez apostó por recuperar aquella carreta de flores blancas que la Virgen sólo lució en la Romería de 1974.
Tal importancia tiene la flor en Valme que hasta el pregonero habló del “lenguaje de las flores”, un nuevo sistema de comunicación original, según el cual, “somos diminutas flores para una Virgen que nos protege”. Un “lenguaje eterno” que se traduce en “Romería, entusiasmo, consuelo, y medalla de Valme. Hablemos el mismo idioma”, sentenció Rafael.
{xtypo_quote_left}“Sería descabellado olvidar el rizo de una flor, porque tiene razón de ser”{/xtypo_quote_left}
Pero en su pregón, López Márquez también se acordó, en el año del 150 aniversario de su restauración, de la ermita de Cuarto, “monumento de la dicha y altar de la consigna de Valme”; de la medalla, “una protestación de fe para proclamar nuestras creencias y el derecho de seguir y creer”, además de ser un reflejo de los “destellos de la gran corona de amor con la que nos ilumina la Señora”; así como de esa mano de la Virgen, menos perceptible al público, con la que agarra a su hijo y que “nos señala porque nosotros también somos sus hijos”.
Un pregón aderezado con muchas vivencias personales de un niño que se ha criado a la sombra de la parroquia mayor nazarena, a la que acudía con su madre para rezarle a la Protectora; o que formó parte de aquel grupo infantil, Los romeros de Valme, que participó en el desaparecido certamen de sevillanas de la Romería. Todo ello en un texto con algunas referencias literarias a Góngora o a los papas Juan Pablo II y Benedicto XVI y que han dado como resultado un pregón muy elaborado y rico literariamente, que sonaba mejor cuando se mecía, más suave, en los momentos narrados.
Porque lo que Rafael López Márquez pretendía era ofrecerle a la Virgen su voz para “decirle lo que antes no he podido”. Pero ahora, una vez concluida su ofrenda verbal, que “voy saliendo del Sagrario, quisiera perseguir el abrazo secreto de la Virgen, seguir siendo un romero mas en busca de la mano que nos conducirá al paraiso, a la misma Dos Hermanas del cielo”.
Sones de Valme
El pregón de Valme de este año estuvo amenizado con los sones de la agrupación musical y la banda montada de Valme, quienes interpretaron, además de los himnos de España y Andalucía, el Ave María y el Himno de Valme, así como dos temas de caballería.



























