Esperanza viral

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(Lucas 24, 13-35 ) ¿Vivimos este tiempo de corona-virus apesadumbrados o dando esperanza? El Evangelio es siempre fuente de esperanza. Jesucristo es la esperanza concreta y última de nuestra existencia. Así pues, nosotros, ¿cómo podemos vivir esperanzados y dando esperanza a los nuestros? Quizás para ello tengamos que aprender de Jesús.

Iban dos discípulos, apesadumbrados y desesperanzados, huyendo de Jerusalén por el camino de Emaús; y Jesús Resucitado en persona se puso a caminar con ellos. Cuando se separó de estos dos discípulos su espíritu había cambiado; estaban llenos de esperanza y querían compartirla con los otros. ¿Qué les había ocurrido? ¿Cómo pudo Jesús cambiar tan radicalmente su manera de afrontar la vida y las dificultades?

Lo primero que hizo fue acompañarlos, preguntarles, escucharlos. Lo segundo recriminarles su torpeza: ya tenían que saber que la cruz iba a llegar; ya teníamos que saber que nuestro poder de controlar las fuerzas de la naturaleza es muy limitado, y que viviendo sin responsabilidad y eligiendo a gobernantes irresponsables, los problemas se agravan y se enquistan; también teníamos que saber que la vida, y la vida de cada persona es algo precioso, a cuidar, a valorar y a disfrutar siempre…

Pero se lo iba diciendo de una manera que en vez de entristecerlos o de llenarlos de culpa o de rabia, les iba despertando la esperanza de  poder rectificar y de vivir con la serenidad y la responsabilidad, con la cercanía y el afecto que antes les había faltado. Y cuando compartió con ellos el pan de vida, aquellos discípulos volvieron a Jerusalén testimoniando su resurrección, que la esperanza, incluso en dificultad, es necesaria.

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