Payasa Ali anima cada día el aislamiento a sus vecinos de La Moneda

Todos los días desde su balcón realiza cantajuegos y actividades para niños y mayores, que se suman a esta fiesta desde sus casas.

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payasa ali

Para hacer más llevadero el confinamiento durante el Estado de Alarma por el Coronavirus, las comunidades de vecinos tiran de ingenio para animar a los más pequeños. Eso es lo que ha hecho desde el confinamiento del Coronavirus Payasa Ali, una animadora infantil, que hace las tardes más felices a sus vecinos y vecinas de la barriada de La Moneda.

“La idea surgió porque vi que la gente salía a aplaudir cada día al personal sanitario y en un vídeo vi como mi sobrino lo hacía muy emocionado. Me dio pena por todos esos niños y niñas encerrados en casa y decidí lanzarme”. La Payasa Ali vive en un piso de la calle Martínez Montañés, cuyo balcón da a cinco bloques de la calle Juan de Astorga. “El primer día puse la música en un altavoz y me dio vergüenza hasta salir, pero luego me vine arriba”, confiesa, y ha elaborado una programación diaria para grandes y pequeños, que se suman a través de sus balcones.

La actividad de la Payasa Ali comienza a las 19:00 horas desde su balcón con cantajuegos para niños y niñas, para seguir animando a sus familias con bromas y chistes. En todos estos días, nos explica, “he hecho de todo y he tirado de diferentes temáticas”. Celebrando, por ejemplo, “la Feria de Abril, la Semana Santa, los Carnavales o el Día del Padre”. Al hacer uso de sus redes sociales e, incluso, de un grupo de Whatsapp que se creó con este motivo, “en ocasiones, anunciaba previamente la temática del día siguiente y la gente salía a sus balcones disfrazadas”.

Por hacer, añade, “hice un día hasta un bingo, en el que cada uno se hacía sus cartones con las fechas más significativas”. Celebrando, incluso, el cumpleaños de algunos de los vecinos. A las 20:00 horas sigue la programación con el aplauso a los sanitarios y a las 21:00 hay un minuto de silencio.

Además de animadora infantil, la Payasa Ali trabaja cada día ocho horas en una fábrica de aceitunas y “me gusta hacer ésto porque me saca de esa monotonía de mi trabajo”. Además de porque “veo como se suma mucha gente a esta cita, los niños se ríen y hasta las personas ancianas bailan”. Si “lo sigo haciendo es por ellos y por las muestras de cariño que recibo de mis vecinos y vecinas por redes sociales”, sentencia.

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