The Gentlemen. Los señores de la mafia: Retorno a los orígenes

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El británico Guy Ritchie siempre ha tenido un estilo particular y muy definido, a pesar que ha tenido idas y venidas con patinazos como Barridos por la marea o las mucho más recientes Rey Arturo y Aladdin, que es mejor borrar de la memoria. Con The gentlemen, en cierto sentido, vuelve a su tema primigenio, el que ha tratado en multitud de cintas, el del submundo de mafias, traficantes y delincuentes de medio pelo de los bajos fondos ingleses, ese universo cockney en el que antiguamente solía moverse como pez en el agua.

En la senda de Lock & Stock, de Snatch, cerdos y diamantes, o en cierto sentido de Rock’n’Rolla, The gentlemen sigue el camino de Mickey Pearson, un americano expatriado en Inglaterra que ha triunfado creando un imperio con el tráfico de drogas. Ahora quiere vender su imponente negocio y retirarse a descansar. Pero ninguno de sus potenciales compradores quiere ponérselo fácil, planeando poner obstáculos para abaratar el negocio.

Estados Unidos, 2019 (113′)
Título original: The Gentlemen.
Escrita y dirigida: Guy Ritchie.
Producción: Ivan Atkinson, Bill Block, Guy Ritchie.
Fotografía: Alan Stewart.
Música: Christopher Benstead.
Montaje: James Herbert.
Intérpretes: Matthew McConaughey (Mickey Pearson), Charlie Hunnam (Ray), Michelle Dockery (Rosalind Pearson), Hugh Grant (Fletcher), Jeremy Strong (Matthew), Lyne Renée (Jackie), Colin Farrell (Coach), Henry Golding (Dry Eye), Tom Wu (Lord George), Eddie Marsan (Big Dave), Jason Wong (Phuc), Chidi Ajufo (Bunny), Eliot Sumner (Laura).

Ritchie plantea una trama alambicada, con saltos en el tiempo y entre tramas, entre realidades y posibilidades, entre narraciones (por tanto, subjetivas) y mostraciones (dentro de lo posible, objetivas), que hacen dudar en todo momento de la veracidad de lo que se está viendo. El ritmo es ágil, ayudado por un montaje videoclipero por momentos, y muchas secuencias atrapan por la (conocida) concepción divertida de la violencia a la que el director nos tiene acostumbrados.

Además, el reparto es brillante, mostrando a intérpretes en papeles que parecen muy alejados a los roles en los que estamos acostumbrados a verlos. En este sentido, es especialmente reseñable el trabajo de Hugh Grant, aunque también los de Colin Farrel o un desatado Matthew McConaughey.

Sin embargo, a pesar de todo ello, de que la película entretiene, divierte, emociona (a ratos) y sorprende (aunque menos de lo esperado), el tono de Ritchie parece descafeinado respecto al de sus trabajos primigenios. La historia está tan fragmentada que resulta confusa muchas veces, incluso con errores de encaje entre las tramas, y solucionado de forma burda por el elemento que aparece al final (guiño a la propia productora de la cinta). Todo ello hacen que el acierto de volver a los orígenes, no consiga el logro de acercarse al nivel de aquellas.

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