1966. Mari Pepa ya no hará más porritas en su churrería de la Plaza del Arenal

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1966. Mari Pepa ya no hará más porritas en su churrería de la Plaza del ArenalTraspasa el negocio y serán sus hijos, los hermanos Pernía, los que continúen la tradición familiar

Otra imagen más que pasará a la historia. Estas Navidades no veremos ya a Mari Pepa (María Josefa Páez) con su delantal y su babi, ni a su marido, Francisco Pernía, vendiendo churros en su típico quiosco verde del Arenal. Ni veremos, antes de las luces del alba, la estampa del encendido de los anafres de carbón para tener los churros listos a las seis. Han decidido traspasar el negocio a otra familia y dejar que sean sus dos hijos, los hermanos Fernando y Antonio Pernía, los que continúen la tradición llevando los churros de Dos Hermanas por las ferias de otros pueblos.

Con las ‘porritas’ (churro en forma circular) de Mari Pepa han desayunado estos años las miles de mujeres que, ya a las 6 de la mañana, cruzaban la vía en El Arenal hacia los almacenes de aceitunas, o las que se bajaban de ‘La Cochinita’ (el tren de Alcalá) rumbo a León y Cos. También en el Bar Fifa entraban, con su papelón de churros, los hombres más madrugadores, aquellos que descargaban la mercancía para los almacenes.

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Mari Pepa vivió en un convento durante la guerra. A su término, ella y su hermano Fernando, hijos de un panadero de Los Palacios, ya vendían churros en la puerta de la iglesia y en El Arenal. Los hacían en un baño con aceite, y más tarde en un perol colocado sobre un fogón de leña. Francisco Pernía, de oficio carbonero, dejó esta labor cuando, en las calles de Dos Hermanas, se enamoró de aquella bella y simpática churrera. Tras casarse, instalaron los dos quioscos que hasta ahora conocíamos: uno en El Arenal, que regentó ella, y otro en El Palmarillo, que regentó él.

1966. Mari Pepa ya no hará más porritas en su churrería de la Plaza del Arenal

Al tiempo unieron a su producto estrella otra exquisita fritura: las patatas fritas, que los nazarenos han degustado durante años paseando por la calle Real o El Arenal, con la banda municipal de banda sonora. Sobre las 12 del mediodía, cuando ya habían vendido todos los churros del mundo, los Pernía ya estaban lavando papas con un estropajo, bien enjuagadas hasta quitarles la espuma. Al mediodía cerraban, y a las 5 de la tarde ya salían los primeros cartuchos de papas fritas. Hasta la noche.

Mari Pepa tiene 50 años. Desde su mostrador ha gozado de vistas privilegiadas del día a día de Dos Hermanas. Como las famosas ‘arriás’, cuando la harina, flotando en el agua, se salía por encima de los veladores y a ella tenían que rescatarla de la churrería, montada a caballito, hasta su casa en calle San Alberto.

Ahora sus hijos toman el relevo. Ya tienen en la cabeza dos nuevos productos para acompañar a los churros: el chocolate y el buñuelo.

Cómo hacer un buen churro
Buen aceite de Dos Hermanas, buena agua, harina de Nuestra Señora de Valme, las medidas justas de sal y bicarbonato, y por supuesto, huecos. Así son los churros de Mari Pepa, servidos en papel de estraza ‘colorao’, que su marido va a comprar a Almacenes Ayala, en Utrera. El arte que Mari Pepa aprendió de su padre lo ha transmitido a sus hijos Fernando y Antonio, en esta foto tomada en un reciente Santiago en El Arenal.

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