La educación de Jesús niño

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El padre, patriarca, jefe de la familia, tenía toda la autoridad y simbolizaba el pasado. Era responsable de una doble misión: vigilar el buen devenir cotidiano de los suyos y mantener el prestigio y la seriedad de la religiosidad que subyacía en todas las acciones de la vida familiar. Los niños vivían sumisos a la disciplina de sus padres.

María, la esclava del Señor, llevó en su vientre los amores, la bendición de su Señor como primer acto de pedagogía. Siempre fueron los hijos una bendición de Dios. La bendición no era solo un gesto, sino un bien físico, un hijo en este caso. Bendita tú entre las mujeres. Jesús llegó desde la Tierra en vuelo bajo del Espíritu.

El nacimiento de una niña era motivo de cierta tristeza, pero se festejaba al hijo varón con un gran regocijo. Pedagogía aquella paternal y autoritaria como correspondía a la época. Los hijos eran un regalo para el marido. La mujer sin descendencia se sentía muy desgraciada. Las niñas ocupaban un segundo lugar en la familia. A diferencia de los varones, no iban a la escuela. Algunas aprendían a leer en casa con su madre. Desde muy jovencitas molían el trigo y tomaban el cuidado de la cocina. Si una hija se casaba antes de los doce años y medio, el padre era parte principal en ese compromiso.

El primogénito gozaba de una consideración singular como heredero y responsable futuro de las tradiciones y de los bienes. El padre había de enseñar la sabiduría a sus hijos. La madre se encargaba de la primera educación de niños y niñas. Pronto los niños, casi sin terminar los tramos de escolaridad, estarían con los padres en sus trabajos y responsabilidades. Los padres eran severos con sus hijos. “Si les das unos palos los libras del abismo” dice el libro de los Proverbios. (23,14.)

Hasta los tres años estará María ofreciendo a Jesús el alimento de sus pechos con ternura hasta saciarlo. Pedagogía maternal de María. Se dormirá entre los brazos de su mamá. Se divertirá con los juguetes de la artesanía de José el carpintero. Así podemos imaginar el entorno educacional de encarnación de la primera infancia de Jesús. Algo más crecidos, se conocen los juegos de los niños y niñas. En el tiempo de ocio y recreo dibujaban tableros en las calles empedradas para jugar a los dados. Practicaban un juego de pelota semejante al voleibol. Se divertían con figuras de barro cocido o con muñecas.

Las escuelas habían surgido con la monarquía. La enseñanza se impartía en gran parte oral, de modo que se garantizaba el interiorizar el aprendizaje. Pero también instruían con la escritura. Durante tiempo se utilizó la tablilla de cera. En los colegios se aprendía a leer a los cinco años. A los diez se iniciaban en el estudio de la Ley.

En clase no había más de veinticinco alumnos. Las clases se daban en la sinagoga con bancos de madera. Todos los días eran lectivos, incluso el sábado. La enseñanza judía consistía pues en las tradiciones, la sabiduría, las experiencias de los mayores, la valoración de sus vidas, la práctica artesanal y de los oficios.

Es lícito pensar en Jesús como un niño radiante de vida que asiste a clase y se ejercita en los números y las letras. Que llega a casa y juega en el patio comunitario con sus vecinitos a las canicas, a la peonza. La vida familiar y de vecindad eran importantes para ir construyendo la educación de los pequeños. Pedagogía del juego esencial del colegio, el ocio y la amistad.

Jesús va a la sinagoga donde aprende el libro sagrado, ayuda en casa y en el taller. Reza al acostarse las oraciones que le enseñó su madre. Va descubriendo en sí mismo su vocación y su identidad. Pedagogía del espíritu. Los evangelios están llenos de versículos que se refieren a Jesús sensible a la naturaleza y a la vida misma. Se puede pensar que de niño anduvo buscando a Dios por todas partes y que, poco a poco, lo encontró allí donde se nota a Dios, la montaña, el desierto, las flores, los pájaros, los pobres. Pedagogía de la simbiosis con la naturaleza y la intuición de su espíritu que le descubre a su Padre Dios. Educación empírica y trascendente a la vez.

Desde los ocho años se iniciaban los niños en frecuentar la vida de los mayores. La esperanza media de vida no pasaba de los treinta. Trabajaban, por ejemplo, en la recogida de las cosechas. Los oficios se heredaban.

Jesús se mostró crítico de la sociedad y la fe de su tiempo. Solitario de Yahveh, incomprendido, guiado por un conocimiento innato de lo bueno, de lo justo, abocado hacia el amor a las cosas verdaderas, sin dobleces, lejos de los conceptos vacíos, humilde y sencillo como un trozo de pan o un poco de vino.

Jesús no añadió a la pedagogía de su tiempo ni requisitos ni normas ni siquiera programas más allá de algo como las Bienaventuranzas. Jesús buscó a Dios en libertad y solidaridad con los demás. Su prioridad fue la confianza en su Padre.

 

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