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Inicio La Opinión Los “lapsus mentis” de Rajoy

Los “lapsus mentis” de Rajoy

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El jefe del principal partido de la oposición en su intervención parlamentaria de la semana pasada se olvidó de que, ante un atentado tan grave como fue el del aeropuerto de Madrid, lo que se suele esperar, según ocurre en los países civilizados y democráticos, es estar todos a una con el gobierno más que empezar a dar opiniones o “contenidos”. Así lo hicieron el resto de las formaciones políticas. Que cuando el enfermo está muy grave y hay que operar todos los médicos se ponen del lado del cirujano jefe, porque entre discursos y opiniones se les puede morir el enfermo. Quizás no advirtió cómo sus tesis saben al republicanismo americano de Bush, salvadas las diferencias, mandatario que quiere derrotar terroristas, pero que recibe derrotas en Irak siete días por semana. No le pasó por la mente que la paz no es la consecuencia de vencer al enemigo, sino una construcción positiva, paciente y delicada, atendiendo a las posibilidades todas de actuar. Olvidó así un camino más fuerte y duradero, pues el terrorismo puede renacer una y otra vez desde sus propias cenizas.

No parece enterarse de que reclamar autodeterminación puede ser dislocado o no, según las circunstancias y la Historia, pero que en general es un derecho de los pueblos y que, por consiguiente siempre hay algo o mucho, depende, de que hablar. Puede que no le viniera a la imaginación que durante muchos años se aplicó contra el terrorismo la política del “delenda est” por las bravas, sin resultado positivo alguno.
No tuvo presente que la actitud del gobierno en el tema que nos ocupa ha sido bien considerada en los foros internacionales por quienes entienden que la marcha de una acción política tan complicada, urgente y seria, necesita más bien atención y consejos. Y que su propio partido tomó opciones parecidas a las del gobierno actual en ciertos momentos de la misma lucha.

Se le adivina no haber tenido en cuenta que hay que revisar las actuaciones políticas que se hacían antaño en función de los viejos principios del honor y el patriotismo, pues nunca más podrán ir las soluciones por el camino de la retórica y el ordeno y mando, con peligro de los que no son en absoluto protagonistas y, además, no se sienten concernidos ni por el viejo nacionalismo ni por el nuevo.

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Rajoy, cuando subió a la tribuna con ese talante decimonónico e inquisitivo o inquisitorial, o los dos, de “contenidos”, estaba imitando aquellas viejas sesiones en que se tocaban las fibras románticas de los señores diputados y se decidían los problemas según el número de palpitaciones del corazón que hacía nacer el verbo elegante de los que se decían patrióticos y de los pocos que se repartían España. Por eso, parece que su último lapsus fue no acertar con los caminos por donde van las cosas en este país, donde tantos, no todos, están entregados a las praxis, al trabajo por las paces y al diálogo.

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