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Para vivir cómo se vive una cofradía desde los barrios solo hay que ir un Viernes Santo a la barriada de la Costa del Sol y disfrutar con la Hermandad de la Amargura. Había muchas ganas de ver a los titulares de esta Corporación en la calle, tras un 2024 de ausencia por la lluvia, y la Plaza Virgen de la Amargura y las calles aledañas que recorre la cofradía en los primeros tramos de su recorrido se llenaron de público momentos antes de su salida.

A las seis de la tarde, como está marcado, las puertas de la capilla se abrieron y sonó el primer aplauso de la tarde, mientras comenzaban a salir a la calle los primeros nazarenos de túnica blanca y antifaz negro, con la cruz de Santiago en el pecho. El cortejo de Amargura también es de esos que merecen un poco de atención a su paso. Es una de las dos hermandades que incluyen las Virtudes Teologales, la Fe, la Esperanza y la Caridad, y la santa mujer Verónica que porta el paño con el rostro de Cristo.

También es característico, como ocurre en la Sagrada Cena, la presencia de las hermanas ataviadas con traje de mantilla negra, que preceden a las promesas con cruces. En lo que a insignias se refiere, es muy caracterísrtico el Guion Unidos en la Fe, que comparten con su hermandad madrina, la de Oración en el Huerto, y que ya procesionara el pasado Miércoles Santo tras su restauración. Además del Guion de Santa Ana, al que acompañan un juego de cuatro varas cedidas por la corporación de la Patrona.

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En la antepresidencia del paso procesiona el relicario con las reliquias de Santa Ángela de la Cruz y la Beata Madre María de la Purísima qportado por un hermano nazareno, escoltado por cuatro varas. Tras la presidencia, la cruz parroquial los acólitos con ciriales, pertiguero y monaguillos, salió a la plaza

Contemplar el paso de la Hermandad de la Amargura es uno de los alicientes de la Semana Santa nazarena. De estilo barroco, es una obra en conjunto de Manuel Cequera, que completó tras su muerte Rogelio Pérez. Los respiraderos fueron realizados en 1966 en oro de 18 kilates y los cuatro candelabros que iluminan las esquinas de este paso de misterio, con nueve luces cada uno, son de madera y bañado en oro de 16 Kilates. También lleva dos candelabros centrales, de cinco luces cada uno, que fueron añadidos posteriormente por Antonio Martín Fernández en 1987, autor también de las jarras del paso, un año antes, realizadas en madera de cedro y bañadas en pan de oro de 16 kilates. 

Aunque, además de los titulares, obra de Manuel Carmona, el Señor Descendido de la Cruz, y Manuel Pineda Calderón, la Virgen de la Amargura, si hay una obra de arte sobre el monto de claveles rojos esa es la cruz que realizó también el imaginero alcalareño, Pineda Calderón, con casquillos dorados y repujados por los talleres de Villarreal. A los pies de la cruz, en la trasera del paso, figura la imagen de Santa Ángela de la Cruz.

Un Viernes Santo más, tras el misterio, que procesionaba tras someterse a un proceso de limpieza y restauración en el taller de Francisco Moreno Alonso, sones de agrupación musical, con Estrella de Dos Hermanas. Luis Alfonso Benítez Lobo y Miguel Ángel Gómez Candela comandaban su caminar por el barrio en busca de su primera parada obligada: la Parroquia del Divino Salvador, a la que pertenece esta corporación.

El público ya la aguardaba en Real Utrera para arroparla en su llegada al centro de la ciudad, con presentación ante la Capilla de Gran Poder y los titulares de la Madrugá. La dolorosa portaba en su mano nuevo pañuelo bordado, que ha sido donado por Ismael Arjona Jiménez y su familia. La Virgen de la Amargura portaba su tradicional diadema dorada que ha sido limpiada y restaurada por Orfebrería Villarreal.

La Hermandad de Amargura hacía su entrada en Carrera Oficial pasada las nueve de la noche y tras su presentación ante la Parroquia de Santa María Magdalena, la cofradía volvió a mostrar su sensibilidad con las personas con problemas de sensibilidad auditiva, procesionando sin música por la zona de La Mina.

El regreso de La Amargura a su barrio, ya en la noche del Viernes Santo, tiene paso obligado por la feligresía de San Sebastián, donde la esperan los titulares de la Hermandad de Vera-Cruz. Cuando el Sábado Santo ya llamaba a las puertas de la ciudad de Dos Hermanas, los barrios de la zona sur se despedían de su Cristo y su Virgen hasta un nuevo Viernes Santo.

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