Un ostensorio de plata dorada

Una de las "joyas" de la parroquia de Santa María Magdalena.

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Dos-Hermanas atesora piezas de gran calidad artística y de indudable valor histórico, que en muchas ocasiones, pasan desapercibidos. En esta ocasión, pondremos nuestra atención en una pieza de orfebrería que se conserva en la iglesia parroquial de Santa María Magdalena: un ostensorio de plata dorada de principios del siglo XVII. Es, junto a la custodia procesional del XVIII, la pieza más destacada del ajuar de la parroquia nazarena. Pero, ¿quién fue su autor? ¿Quién la mandó realizar? A estas y otras cuestiones intentaremos dar respuestas en el presente artículo.

Fue el nazareno Tomé Rubio quien la encargó realizar a un destacado platero de la capital hispalense. Rubio había nacido en nuestra entonces villa hacia 1580, contrayendo matrimonio con María Vázquez Barbero, con quien tendría cinco hijos, entre ellos el capitán Pedro Vázquez Rubio. Fue, sin duda, el personaje más destacado de la Dos-Hermanas de la primera mitad del XVII, ocupando cargos tan relevantes como los de familiar del Santo Oficio de Sevilla y de Dos-Hermanas (a partir de 1636), alcalde ordinario (en 1633) y notario de la Santa Cruzada. Tanto era su poderío que incluso llegó a liderar la facción contraria a don Pedro de Pedrosa, señor de la villa, con quien tuvo innumerables enfrentamientos. Además, poseía unas atahonas y varias porciones de tierras destinadas al cultivo del olivar. En este sentido, sabemos que en 1646 exportaba aceitunas manzanillas al reino de Inglaterra.

Este personaje quiso hacer alarde de tal poderío económico y social mandando ejecutar una pieza de orfebrería (ostensorio) que fuese utilizada en la iglesia del lugar, y que, por tanto, fuera admirada por toda la comunidad. De esta forma, encargó a principios de 1619 un ostensorio al platero sevillano Juan de Ledesma Merino (c.1572-1632), en esas fechas de gran prestigio y hoy, por desgracia, muy poco conocido.
Se trata de una pieza de setenta y siete centímetros de alto y treinta y uno de ancho, realizada en plata dorada, cincelada y burilada, y levantada sobre base de cobre dorado. El astil tiene forma de templete-relicario de cristal que encierra una cruz de sección romboidal con ases en la base. La decoración es vegetal con cabujones de esmalte, asas y cabezas de ángeles. El ostensorio en sí alterna rayos lisos con flamígeros.

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Pues bien, Tomé Rubio pagó por esa pieza 230 ducados y el 28 de julio de 1619 la donó (bajo ciertas condiciones) a la cofradía del Santísimo Sacramento de la villa, establecida, como hoy, en la parroquia de Santa María Magdalena. La escritura de donación se encuentra entre los protocolos históricos notariales de nuestra ciudad y, dada su importancia, transcribimos buena parte de ella: «[Tomé Rubio] otorgo y conozco en fabor de la confradía del Santísimo Sacramento, que está cita en la yglesia parroquial de Santa María Magdalena desta uilla, y en los confrades que oy son e serán de aquí [en a]delante y digo que por quanto viendo yo la nesesidad tan vijente que la dicha confradía tenía de vn relicario y custodia para el seruiçio del Santísimo Sacramento y veneración dél yo por seruir a Dios Nuestro Señor y ser agradecido a las mercedes que me a fecho y háceme e dispuesto a haçer vn relicario con su peana y sol en que ba la ostia del Santísimo Sacramento que a costado de oro y plata y manufetura docientos y treinta ducados poco más o menos, en el qual fue el Santísimo Sacramento en la prosesión que agora se hiço de su fiesta a veinte y cinco días deste mes de julio e porque yo quiero y es mi voluntad de que para sienpre [xamás] se pueda celebrar y celebre las fiestas de cada vn año con el dicho relicario entendiendo la dicha confradía que no son bienes suyos sino que yo los doy para el ornato y selebraçión de las dichas [fiestas] y ansí quiero y es mi boluntad que porque el dicho relicario y sol tenga mejor guarda // y custodia y que no ande en poder de los mayordomos que fueren de la dicha confradía a donde por falta de las personas o de las casas de su morada pueda reçeuir algún daño y detrimento el dicho relicario sienpre esté en poder del señor benefiçiado que agora es de la yglesia desta uilla y de los que adelante le sucedieren en el dicho ofiçio para que de allí se lleve a la dicha yglesia para el dicho ministerio ansí para las fiestas prençipales de cada vn año como las que se hacen en cada vn mes el Santísimo Sacramento y con tal cargo y condición que la dicha confradía y confrades que oy son y fueren de aquí adelante no an de ynobar ni yntentar nuevos capítulos ni condiciones». Por tanto, la cofradía haría uso del ostensorio, pero no sería su propietaria, quedando como «dueña» la parroquia, en la figura del cura beneficiado de ella. Fueron Francisco de Rivas y Francisco de Pozas, alcaldes, Juan Ortiz y Alonso Prieto, alcaldes y mayordomos de la cofradía, y otros oficiales, los que en nombre de esa corporación aceptaron tan generosa donación.

Y, por fortuna, a pesar de los muchos avatares de la Historia, esta excepcional pieza ha llegado hasta nuestros días, utilizándose en ocasiones especiales.

Foto del mes
Esta fotografía que traemos a esta sección, fue tomada en 1915 y muestra el estado que presentaba el paso a nivel del final del Caminillo Real, hoy calle Nuestra Señora del Carmen. A la izquierda vemos la puerta de entrada principal de la huerta de Nuestra Señora del Reposo (antes llamada «de la Fortuna»), propiedad en esas fechas de la familia Mariani. Y a la derecha, al pie de la vía, se aprecia la casilla donde residía el guardagujas.

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