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En la primera mitad del siglo XVII solo hemos documentado la existencia de dos párrocos que pasamos a detallar.

12 Gabriel de la Cruz

Cura de la iglesia de Santa María Magdalena (1620-1625) en el siglo XVII. Desconocemos si fue este presbítero el que sucedió a Rizio en el curato de la villa, aunque es muy probable que así fuera. De todas formas, lo único que sabemos de Gabriel de la Cruz es que llevó a cabo ciertas reformas en la parroquia nazarena. La más destacable, la construcción de la nueva sacristía en un pequeño callejón sin uso que existía entre la parroquia y la capilla de Santa Ana. Asimismo, tuvo serios problemas con la Inquisición, siendo preso el 15 de septiembre de 1623.

13 Bachiller Juan de Poza Hermosilla

Cura de la iglesia de Santa María Magdalena (1625-1657). El que sería el párroco nazareno más importante y destacado del siglo XVII nació en Dos-Hermanas en el último tercio del Quinientos, siendo hijo de Alonso de Poza, procurador de la Real Audiencia de Sevilla, y sobrino de Pedro de Poza (†1590), rico hacendado de Dos-Hermanas. En 1625 sucedió a don Gabriel de la Cruz como párroco de la iglesia de Santa María Magdalena, permaneciendo al frente de la misma hasta su muerte, acaecida como veremos en 1657.

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El Padre Leandro José de Flores, en el apartado que dedicó a Dos-Hermanas en sus «Memorias Históricas de Alcalá de Guadaíra» (1834), dejó recogido lo siguiente sobre este presbítero: «cura de la parroquia, a cuya obra grande concurrió hasta que se concluyó en 1631; y faltándole medios para ello, los buscaba entre los vecinos y hacendados, por lo que le pusieron una lápida con tosca lectura en el primero y segundo arco a la derecha entrando por la iglesia. En el año del contagio de 1649 hallándose solo y abrumado de años, llevaba el Santísimo Viático en el pecho y la cruz pendiente del cuello; se subía en un pollino pequeño, el farol a un lado y al otro el acetre; iba por las calles y al toque de la campanilla se entraba por las casas de los apestados, absolviéndolos y administrando el Viático a los que estaban en disposición: murió en 1657 y fue sepultado en dicha sepultura (se refiere a la perteneciente a la familia Pozas)».

Fue dueño de un modesto patrimonio, compuesto por unas viñas en la zona de Los Lobillos y una huerta llamada ‘Huerta Nueva’, que lindaba con olivares de Juana Melgarejo y con el camino que conducía a Utrera.

Dicha huerta fue arrendada por el bachiller Poza a Hernando Martín, cortador de carnes en 1623, y tiempo después, en 1639, a Domingo Álvarez, vecino de esta villa. Aumentó su patrimonio cuando heredó de Francisca Pacheco dos paños de tafetán y un cofrecito de carey y plata, y recibió de los albaceas testamentarios de la citada dama 200 reales que aquella le debía.
El párroco residía en torno a 1631 en la calle Real, concretamente en la casa hacienda de Diego de Alburquerque, junto a una criada llamada María Lozana y un hijo pequeño de ésta. Asimismo, lo vemos haciéndose cargo de la escribanía pública nazarena en mayo de 1630 y, de nuevo, en 1637, cuando estuvo ausente el escribano titular Sebastián González y no existía en la villa ningún oficial de escribano. En 1628 entró a formar parte de la hermandad de Nuestra Señora de Valme, que es posible que se fundase en ese mismo año.

A lo largo de su vida sufrió varias enfermedades, algunas de cierta consideración. Así, a mediados de 1638 tal fue la gravedad de una de ellas que otorgó testamento, pero en poco tiempo logró recuperarse. Cuando en 1649 se desató la famosa epidemia de peste, en previsión, otorgó en el mes de mayo un codicilo en el que ordenaba ser enterrado en una sepultura de fábrica y no en la de su familia. Sin embargo, consiguió salir adelante y no sucumbió a la epidemia. Continuó con buena salud hasta 1657.

En la tarde del 28 de enero de ese año, el bachiller Poza ofició el bautizo de la pequeña Brígida, hija de Juan Luis y de María Ramos, «y por çierto adçidente que le sobrevino a dicho cura, del qual murió, lo firmé yo (se refiere a la partida de bautismo), el licenciado Francisco Rodríguez del Poço, beneficiado». Ese accidente al que alude el beneficiado en la partida de bautismo de Brígida y del que no tenemos más información fue el que acabó con la vida de este importante clérigo nazareno. El primer día de febrero de 1657 se celebró otro bautizo, siendo oficiado por el presbítero Juan de Ocaña, aunque con licencia de Poza, quien fallecería unos días más tarde, siendo enterrado, finalmente, en la sepultura de la familia Poza y no en una de fábrica como él había manifestado en su momento.

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