Aguas oscuras: David contra Goliat, otra vez

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En estos tiempos, donde la lucha medioambiental por salvar el planeta está en boca de todo el mundo, una película como Aguas oscuras puede resultar necesaria. Pero el nuevo trabajo de Todd Haynes huele a encargo desde lejos, lo cual en sí mismo no es malo, aunque parece hecha con prisas, para adecuarse al momento que vivimos, y por ello, a pesar de su buen empaque visual, de su buena puesta en escena, esas prisas y cierta desgana en su director, se notan en muchos momentos.

Basada en hechos reales, narra la lucha (casi en solitario) de un abogado que se enfrentó contra la multinacional DuPont, un imperio de agroquímicos, cuando descubrió que había provocado enfermedades, contaminación y muerte masiva de ganado en el pueblo de Parkersburg, y que sirvió para sacar a la luz los peligros del uso del teflón tanto para el medio ambiente como para la salud humana, poniendo en riesgo en el camino su trabajo, su familia y su salud.

Estados Unidos, 2019 (126′).
Título original: Dark waters.
Dirección: Todd Haynes.
Producción: Pamela Koffler, Mark Ruffalo, Jeff Skoll, Christine Vachon.
Guión: Matthew Michael Carnahan, Mario Correa, basado en el artículo de Nathaniel Rich.
Fotografía: Edward Lachman.
Música: Marcelo Zarvos.
Montaje: Affonso Gonçalves.
Intérpretes: Mark Ruffalo (Robert Bilott), Anne Hathaway (Sarah Bilott), Tim Robbins (Tom Terp), Bill Pullman (Harry Dietzler), Bill Camp (Wilbur Tennant), Victor Garber (Phil Donnelly), Mare Winningham (Darlene Kiger), William Jackson Harper (James Ross), Louisa Krause (Karla), Kevin Crowley (Larry Winter).

Aguas oscuras tiene una estructura clásica, y (lo que es peor) una historia que suena a ya vista. Una historia de David contra Goliat que ha aparecido en multitud de películas antes, como Erin Brockovich (Steven Soderbergh, 2000), Acción civil (Steven Zaillian, 1998) o, en cierto modo, Tierra prometida (Gus van Sant, 20012). Así las cosas, Haynes parece romper con su trayectoria anterior realizando un filme muy convencional, lejos de la provocación a la que nos tenía acostumbrados en su filmografía.

La historia se desarrolla sin grandes excesos, sin fuerza, con momentos clave que uno ve venir desde lejos (aunque no conozca la historia original en la que se basa), sin dar ninguna sorpresa, y en donde se puede destacar (si acaso) la fotografía de Edward Lachman.

El reparto está lleno de nombres conocidos y de prestigio, pero todos ellos resultan infrautilizados, siendo el caso más sangrante el de Anne Hathaway, quizás el secundario más desdibujado de la trama, reducida a mera comparsa que no aporta absolutamente nada al desarrollo de la historia, y muy poco al del personaje protagonista, un flojo Mark Ruffalo sobre el que se centra la trama y que está en pantalla casi perpetuamente.

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