Manifiesto 14 de abril

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La Constitución de la Segunda República supuso un avance notable en el reconocimiento y defensa de los derechos humanos por el ordenamiento jurídico español y en la organización democrática del Estado, dedicando casi un tercio de su articulado a recoger y proteger los derechos y libertades individuales y sociales, además de reconocer la soberanía popular.

Justicia, igualdad, solidaridad, todos ellos valores asociados claramente a un sistema político, la República. Defenderla conlleva mucho más que defender un sistema político, implica vivir honrando unos valores que hoy en día parecen olvidados.

Y es ahora, en pleno siglo XXI, cuando la juventud se ve obligada a luchar por sus derechos básicos, que deberían ser indiscutibles al ser inherentes al ser humano, que ya hace 85 años tenían reconocidos durante la II República.

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En 1931 la Constitución Republicana proclamaba un sistema educativo donde la escuela primaria era gratuita y obligatoria, consagraba la libertad de cátedra y la laicidad, además de la solidaridad, como inspiradora del sistema educativo. Esta Constitución mandataba a la República a garantizar a los españoles y las españolas las facilidades económicas necesarias para el acceso a toda la enseñanza, siendo ésta únicamente condicionada por la actitud y la vocación de cada persona sin depender de su capacidad económica. Justo lo contrario de la situación que está teniendo lugar actualmente.

Hoy en día tenemos una educación pública en decadencia debido a unos recortes ideológicos y no económicos cuyas principales medidas se centran en dinamitar el sistema de igualdad de oportunidades a través de los criterios de asignación de becas (encaminados a la expulsión de la educación pública de todo aquel que no cuente con recursos suficientes), masificación de las aulas con aumentos de ratio fruto de la disminución del profesorado (y sus sueldos) y un sistema de tasas que no permite margen de error al aumentar de forma desproporcionada su coste con cada matriculación.

Pública, gratis y laica, no podemos recibir una educación diferente según la clase a la que pertenezcamos. Con una educación gratuita se garantiza el derecho esencial de la educación y toda la ciudadanía recibirá la misma enseñanza independientemente de su patrimonio. Obligatoria, así se resalta la importancia de dicho derecho, convirtiéndola en deber.

La educación es la base de la vida. Una buena educación nos llevaría a un sistema económico próspero, a grandes avances y, en general, a una vida mejor. La educación es el único medio para prosperar de aquellos que no nacemos con un alto nivel económico.

De todos estos matices básicos de aquella educación que defendíamos y defendemos hoy en día con el sistema republicano, resulta significativa la laicidad de la enseñanza pública. Queremos una educación libre, tenemos que alejar el adoctrinamiento de las aulas, un colegio debe estar para educar en valores cívicos y enseñar conocimientos.
Otro ámbito en el que la ideología republicana demuestra su solidaridad es en el ámbito laboral. Fue el Ministro de Trabajo de la Segunda República, el socialistas Francisco Largo, quien desarrolló el proyecto que consistía en regular las relaciones laborales y afianzar el poder de los sindicatos en la negociación de los contrato de trabajo y en la vigilancia de su cumplimiento.

Importante destacar la vigilancia del cumplimiento del contrato pues, actualmente, parecen olvidadas las obligaciones contractuales por parte del patrono. El gobierno actual no legisla para garantizar los derechos del trabajador o trabajadora, y menos aún supervisa el cumplimiento de los contratos, además de recortar los derechos existentes.
Todo esto nos lleva a salarios por debajo del mínimo interprofesional, a trabajar 12 horas mientras cotizas 8 y un largo etcétera donde cada vez se pierden más derechos y nos acercamos a la esclavitud del siglo XXI en el que el trabajador se convierte en una mercancía más al servicio de las empresas.

Todas estas medidas fueron duramente atacadas por la derecha más reaccionaria del país y en cuanto fue derrocada a través de una sanguinaria Guerra Civil por la Dictadura franquista todas estas iniciativas fueron derogadas. La República impregnó de sus valores todos los ámbitos de la sociedad quedando todos ellos marcados por unos valores que deberían de ser el sustento de todo sistema político y de toda la sociedad, unos valores positivos, unos valores que nos permitan vivir la vida en dignidad, unos valores que deberían ser universales: Igualdad, solidaridad, justicia y libertad. ¡Viva la República!

 

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