Noche de septiembre. Muy tarde. Soy la única de la casa que está despierta. Salgo de mi habitación para ir al baño, paso mi mano por las paredes para encontrar el camino entre los pasillos hacia el cuarto de baño porque todo está muy oscuro y no llevo las lentillas; es casi como si fuera ciega.
Encuentro el cuarto de baño y hago lo que necesito. Todo está bien, pero…
Sabía que hay muchas cosas distintas en EEUU, pero lo que nunca habría esperado era que los inodoros también son distintos. Aquí la mayoría tienen botones para vaciarlos y en EEUU tienen palancas. Normalmente no es un problema, excepto esa noche.
El botón de este inodoro específico estaba divido en dos mitades, y a una de ellas le gustaba saltar cada vez que se le pulsaba. Normalmente, solo saltaba un poquito e inmediatamente regresaba a su sitio. Pero esa noche…
Empujo el botón y, como siempre, salta —no, no debo decir “salta”, es más como que "se tira con toda su fuerza" y hace unas piruetas completas como un auténtico gimnasta—, y va a caer al agua en el momento exacto de vaciarse la cisterna. El botón desaparece llevado por el agua. Me quedo ahí, mirando con incredulidad lo que acaba de pasar.
Por la mañana, me despierto con el ruido de mi familia de acogida que está hablando: ¿Dónde puede estar la otra mitad del botón? Es un misterio. El “padre” busca el botón con sus herramientas en las tuberías. La “madre” está preguntando a mi compañera de cuarto si ella tiene alguna idea de donde puede estar. Ella no sabe nada.
Salgo de la habitación e intento prepararme para explicar lo que pasó. Pero, de repente, ¡me doy cuenta de que no sé cómo hacerlo! Solo llevo en España desde hace más o menos dos semanas y mi español todavía no es muy bueno. Puedo hablar fácilmente en conversaciones normales, pero explicar una situación tan rara como esta no es nada normal. Y, además, aún no conozco las palabras clave: “inodoro”, “botón” y “vaciar.”
Mi “madre” se me acerca y me pregunta si yo sé lo que pasó. Y allí estoy yo, intentando explicar la situación con pantomimas, con un tipo de baile interpretativo muy raro. Mi “madre” me mira con cara de pensar que yo estoy 'loquísima'.
¡Ay, barreras lingüísticas!





























