Cuando el turno del sol ya pide paso,
y el verano se intuye tras la esquina,
teñida en tradición de bambalina,
de balcón y patio –bien escaso–,
de maceta nostálgica y repaso
a cada rinconcito y clavellina,
ya se prende el perfume en la retina
de cada cruz de mayo a vuelo raso.
Es todo un sentimiento en andaluz,
un disparo de flores en la Cruz
impregnado en querencia y sementera,
que lleva a la nostalgia del pasado
mirando cada paso engalanado;
soñando a la infantil trabajadera.



























