Se ha marchado un hombre bueno. Y aún nos preguntamos ¿dónde vas con tanta prisa?, tú que eras el último siempre en aparecer. Ayer se fue, sin decir nada, como honra a los mejores, a los que luchan, a los grandes, uno de los importantes de la estirpe Japón Sevilla, tú que recorrías en tu eterna juventud los campos de fútbol con banderín en tu mano, hoy eres quien deja en fuera de juego a los tuyos.
¿Dónde vas escuálido sonriente si aún te quedaba el partido más importante: el de ver crecer a tus dos pequeños. ¿Dónde vas Japón?, si sabes que el trabajo no estaba terminado, y tú eras de los que aún en la enfermedad dejabas tu trabajo realizado. ¿Dónde vas Jesús?, que dejas tanto recuerdo, tanta vida empañada… ¿Dónde vas luchador de ojos grandes? si tu vaso aún no estaba vació… ¿Dónde vas loco risueño? si el otoño estaba por comenzar…
Aún resuena en nuestros oídos la certeza de quienes sabían de tus agrados y dolores: “por ahí va un hombre bueno” –dicen– ¿Qué prisa tienes Jesús? Tómate una última y luego… y luego… yo te acompaño donde quieras…






























