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¿La realidad supera a la fantasía o la fantasía supera a la realidad?

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—Andaluz, te morirás de frío en Candanchú, –me decía con total desprecio el veterano leones en el cuartel de la plaza del Portillo de mi soñada Zaragoza con veinte años de mis hambres nazarenas y de injusticias.

—Yo no voy a Candanchú, ni me llevan. Yo vine a Zaragoza a estudiar, a saber lo que me negaron en Andalucía. A los doce años me echaron del colegio por ser mi padre bracero y mi madre aceitunera y mis abuelos idem de lo mismo. Yo quise ser torero, pero no tuve padrinos.

—Tú vas a Candanchú, estás en la mili. Tú faroleas más que tu Feria de Abril. Tú sólo sabes comer sardinas asadas y tocar las palmas y decir olé, olé, y que trabajen ellos.

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—Vamos, vamos… Que ya nos conocemos, que los leoneses conquistamos Dos Hermanas.

—Leonés, el desprecio es hijo del conquistador. Esa es una historia de hace 500 años. Dos Hermanas no existía, sólo era un conglomerado de alquerías del Andaluz en el valle más rico de Europa que surtía de legumbres y hortalizas y frutas al reino de Sevilla.

—No presumas de conquistador. En Sevilla nació don Juan Tenorio del inmortal Zorrilla. El poeta dijo Sevilla y se quedó sin palabras.

—Muchos cuentos, andaluz, pero tú vas a Candanchú, aquí las letras menudas no sirven para nada y yo soy el jefe de taller y si te pones chulo te mando a las cocinas y a hacer más guardias que el fusil. Aquí no mandan los huevos sino el galón.

—Sí, señor, la razón sólo hay una, aquí y en todo el resto del mundo, pero tiempo al tiempo, los individuos son individuos y los pueblos pueblos, y no hay en nada dos iguales. Ser, somos piezas únicas. Yo nunca viví en el frío de los largos inviernos de los Pirineos. Somos lo que han hecho que seamos. Yo le digo que no voy a Candanchú no por chulo ni por ser andaluz, ni por miedo a fabricar carreteras entre las nieves, que no conozco de cerca la nieve, como no conozco estando tan cerca el mar y Granada. Los parias tienen un espacio muy limitado en Dos Hermanas, están aún en vigor las castas. Yo soy de las de los intocables.

La alegría más grande para mí fue cuando me declararon útil para todo servicio. Me sentí hombre igual a otros hombres, como el cuento del patito feo. Yo un cisne, fue como si hubiera visto a Dios. Yo un cisne, un hombre como otros hombres. El que haya visto a su dios sabrá lo que yo sentí de serenidad, libre de tanto y tanto odio.

Veinte años de odio son muchos años de humillación, desprecios, vejaciones. Cuando me monté en el tren en Utrera en la primavera de Sevilla donde todo es luz, colores y olores, miré al cielo tan azul, como en mis sueños y esperanza. ¿Cómo una sociedad en estas tierras puede llegar a ser tan cruel?

— Andaluz, tú eres un capullo. De rosa te vas por las de Villadiego. Vamos a hacer las celosías que ha mandado hacer el capitán ayudante y déjanos de filosofías baratas.

— Tú le dices al capitán ayudante que yo no hago las celosías si no me cambia de compañía y me pasa a la regimental donde están los de los servicios.

—¿Cómo, cómo? Tú quieres ir al calabozo o eres más tonto de lo que pareces. Eso se lo vas a decir tú, so gilipuertas, tú no conoces al capitán ayudante, con más milis que Franco.

—A sus órdenes mi capitan, se presenta el soldado José Martínez Ramos, de la tercera compañía y trabaja en los talleres de carpintería, y el cabo de talleres me manda a usted.

—Baja la mano, ¿dónde te crees que estás? Tú estás en la mili ¿o no?

—Sí, señor.

—Tú sabes que una orden no se puede discutir ni polemizar.

—Sí, señor.

—Entonces qué leche me dice el cabo que tú te niegas a cumplir sus órdenes así por las buenas. De dónde mierda vienes tú.

—Sí, señor, de Dos Hermanas.

—¿Y eso dónde leches está?

—¡En Sevilla!

—¡Ah!, por eso tú sabes hacer celosías, de la cultura musulmana, de Almutamid el rey poeta. Bueno, pues tú vas a hacer las celosías que el resto del taller no sabe hacer.

—Sí, señor. Pero no puedo. Dentro de poco mi compañía va a Candanchú.

—Anda cojones, eso no lo sabía. Es verdad, tengo que hablar con el teniente coronel. Vale, vete.

—¿Qué hablastes con el capitán? ¿Hay Candanchú o celosías o calabozo? (ja, ja, ja)

—¿Cabo de la compañía?

— Sí, soy yo.

—Me mandan de la tercera compañía. ¿Dónde está la cama que ha dejado el veterano leonés?

—De menuda te han librado, andaluz.

Este es un relato real de cuando contaba con la edad de veinte años. ¿La realidad supera a la fantasía o la fantasía supera a la realidad? Han pasado 50 años, mi espejo da fe de ello y mis hijos y nietos. Eso es real. Si paseo por las calles de Dos Hermanas no han pasado 50 años, todo sigue igual. Tres generaciones han pasado pero todo sigue igual. Los patitos feos lo siguen siendo, llamando patitos feos a los cisnes. ¿Cómo tu prototipo va a ser un cisne? Si tú eres un patito feo en Dos Hermanas, un parias intocable.

Ésta es la más triste realidad de Dos Hermanas.

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