No son pocos los que piensan
que el progreso en las ciudades,
lo muestran las cantidades
de terreno que se gana
–como ocurre en Dos Hermanas–
consiguiendo beneficios,
plantando más edificios
y sacando más tajada.
Y no les falta razón:
lo que falta, en mi opinión,
es la simple madurez
de asimilar, comprender,
que el dinero y la cordura
pueden viajar de la mano
haciendo que al pueblo llano
no se le merme en cultura.
Sólo así conseguiremos
que a la par que nacen naves,
nuevos parques industriales,
más entradas, más salidas,
hipódromos y avenidas
expandiendo la ciudad,
no veamos ensuciar
tanta expansión, tanto brillo,
con la pérdida indecente
de dos útiles docentes,
que dejan Los Montecillos.



























