Los 25 cadáveres fueron arrojados a un pozo para no dejar rastro
Veinticinco húsares de las tropas de Napoleón fueron sorprendidos ayer y aniquilados en una emboscada realizada por un grupo de braceros nazarenos dirigidos por Antonio Navarro.
Tras salir de Sevilla por la Puerta de Jerez y dejar atrás el Cortijo de Cuartos, el escuadrón se acercó a Dos Hermanas, villa de unos mil habitantes, e hizo un descanso en la Hacienda El Lanero, en la calle Penil. Allí, tras escuchar hablar a los franceses, algunos elementos fueron a avisar a Navarro, jefe de la guerrilla local que opera entre la Vereda Real y la Venta Luna, y a su segundo, el labrador conocido por “Tío Gomillo”.
Arcabuces en el tejado
Ambos movilizaron rápidamente a los jóvenes braceros para atacar a los franceses en el Callejón del Carbonero, aunque el ataque resultó frustrado porque los invasores no pasaron por ese lugar. Al conocerse que el escuadrón se dirigía hacia las haciendas de Seixa-Clarevot para parar a comer, Navarro y los suyos se adelantaron y los esperaron en la hacienda. Los mejores tiradores se apostaron en los tejados, mientras el resto se escondió para atacar con arma blanca en los momentos de confusión.
El fuego de trabuco fue ensordecedor, creando una enorme confusión entre los franceses, que fueron cayendo uno tras otro. Sus cadáveres, para no dejar rastro, fueron atados con gruesas piedras, cargados en carretas y lanzados a un pozo para no dejar constancia de los hechos. La guerrilla, por su parte, ha tenido que lamentar tres muertos (el Tío Gomillo y dos braceros) y cinco heridos por sablazos. Ninguno de ellos ha recibido asistencia médica para no ser delatados y curan ahora sus heridas con remedios caseros. Los muertos han sido sepultados en el cementerio de Dos Hermanas sin misas ni llantos para evitar levantar sospechas.




























