De todas las absurdas promociones
que mete Don dinero a calzador
y el pícaro sistema vendedor
intenta convertir en tradiciones,
me suelen provocar retortijones
aquellas que nos hablan del amor
tratando de vender un mostrador
que exhibe cursiladas por montones.
Los tópicos, los típicos ramitos
de flores con cartita incorporada,
nos visten a febrero en colorín,
y a base de arrumacos y besitos
propuesto en cada oferta y cursilada,
las cajas gritarán ¡San Valentín!



























