ANTARIS, entidad sin ánimo de lucro con casi cuatro décadas de trayectoria en la atención integral a las adicciones, ha celebrado recientemente una Asamblea General Extraordinaria en la que se ha renovado su junta directiva. Pablo Calderón Delgado se pone al frente de la misma como su presidente para los próximos cuatro años.
¿De dónde viene su vinculación con ANTARIS?
Aunque formado en Derecho y Administración y Dirección de Empresas, Antaris siempre ha estado muy vinculada a mi familia porque mi padre, Domingo Calderón, fue uno de sus fundadores. Fue hace 10 años, por el tema de las complicaciones de la financiación y el cambio de la ley de contratación del sector público, cuando la entidad necesitó un perfil más económico para el tema de contabilidad, subvenciones, licitaciones, etc. Yo llevaba un año fuera de la carrera, trabajando en una constructora, y salió esa oportunidad y fue un giro muy interesante en mi vida, que yo valoro.
¿Cómo decide dar el paso de ponerse al frente?
Llevaba tiempo haciendo tareas de representación de la entidad y, la verdad, es que ni la gente voluntaria, ni de la plantilla o personas más cercana a la Ong tienen un especial interés por ostentar un cargo en la junta directiva. Aquí la organización es horizontal y todas las decisiones se toman por comisiones, por lo que yo ostente ahora la presidencia no significa que vaya a haber un cambio muy significativo de las directrices de la entidad. Lo que se quería era apostar por un cambio generacional y por un perfil más joven.
¿Por qué momento pasa ANTARIS en este 2025 en el que se ha renovado esta junta directiva?
Lo más importante es que se ha renovado el III Plan Estratégico 2026-29, que es el que decide el rumbo de la entidad. Sus líneas estratégicas son las que definen el momento en el que se encuentra ANTARIS. Estamos muy enfocados en el 40 aniversario de la entidad, que se conmemora en 2026, con tres eventos que ofrezcan una mirada al pasado, a la ciudadanía y al tercer sector de las adicciones. La segunda línea está orientada al centro de Sevilla, que pasa por un mal momento e intentamos salvarlo. La tercera vía es potenciar el trabajo comunitario en Dos Hermanas. Estamos muy presentes en el ámbito nacional, andaluza y provincial, por las federaciones, y hay que estar más presentes en lo local.
“Las adicciones existen y negarlo es ir en contra de cualquier resultado positivo”
¿Ha cambiado mucho ANTARIS desde que se inició hace 40 años?
Las compañeras empezaron a ayudar a las personas con problemas de adicciones en pleno boom de la heroína, o en la calle o en sus propias casas. Fíjate lo que ha cambiado, de esa situación de hace 40 años a que se cree la Red Pública de Adicciones de la Junta de Andalucía, en la que participaron en su creación. Tras unos buenos años económicos, ahora, no pasa por su mejor momento, ya que esa red pública es buena, teóricamente, pero está muy debilitada, como todo el sistema andaluz de salud, por falta de recursos. Nosotros en Dos Hermanas estamos muy estables de financiación, con un buen respaldo del Ayuntamiento, y tenemos un buen prestigio por el trabajo realizado en la Junta de Andalucía. Destacar un sistema de mejora continuo por certificación de calidad, mediante una serie de indicadores y evaluaciones anuales, con propuestas de mejora. Por lo que, constantemente, ANTARIS va cambiando pequeñas cosas gracias a este sistema.
En estas cuatro décadas, ¿ha cambiado mucho la relación de las personas con problemas de adicciones con la entidad?
Hemos detectado que hay un sesgo de género importante y las mujeres siguen teniendo doble estigma por género y adicciones y les cuesta más venir. Intentamos hacer campaña porque el servicio es muy masculinizado y no se sienten en su contexto. Por eso, intentamos citarlas un día concreto y damos citas de urgencia a las mujeres, con un tiempo de espera más corto. El perfil predominante es varón de 45 años y consumidor de cocaína y en estos diez años nos movemos en el margen de unas 800 personas atendidas anualmente, aunque están entrando nuevas adicciones sin sustancias o temas de juego, pero no es significativo porcentualmente.
Para la ciudadanía que no conozca el centro de ANTARIS en Dos Hermanas, ¿Cómo lo presentaría? ¿Qué pueden encontrar?
Me encantaría que conociesen lo que es un centro de adicciones, que no es más que un centro sanitario. Parece que hay algo turbio detrás de este tema y nuestras instalaciones creo que son agradables, solo es un centro que ayuda a personas de todo tipo. El 14 de noviembre celebramos una jornada de puertas abiertas, por lo que invitamos a todas las personas a que nos conozca, que hay un equipo muy cercano y formal, muy preparado, de calidad y calidez. La idea es que se normalice porque las adicciones están y existen, negarlo es ir en contra de cualquier resultado positivo.
¿Qué servicios pueden encontrar en ANTARIS y cómo se accede?
Cualquier persona con problemas de adicciones se atiende. Somos la puerta de entrada a la Red de Adicciones, como centro de tratamiento ambulatorio. En él, inmediatamente, tiene una cita con la psicóloga, con la médica, con la trabajadora social y con la educadora social, planteándose objetivos individualizados según los perfiles de cada paciente. Posteriormente, se deriva a otros recursos, como el centro de día, para personas que, además de abordar las adicciones, trabajan la incorporación sociolaboral. Tenemos grupos de empleo y actividades de ocio saludable, con salidas socio-culturales, y deportivas. También hay otros recursos de la Red de Adicciones, que no dependen de ANTARIS, como las comunidades terapéuticas para romper con tu entorno o las viviendas tuteladas por profesionales para el acercamiento a una vida normalizada.
“En 2026 celebraremos los 40 años con varios actos en la ciudad”
¿Siente que está valorada la labor que realiza ANTARIS con las adicciones?
Socialmente, no en demasía, ya que cualquier persona que no tiene un problema de adicción o no forme parte del mundo de las Ong no tiene por qué conocernos. Es más fácil ayudar o empatizar con otras problemáticas, como la salud mental o la diversidad funcional. En adicciones seguimos con esos estigmas y hay gente que piensa que no es una enfermedad. Respecto a nuestro trabajo en la administración pública, sí nos sentimos muy respaldados, pero porque están los datos ahí de la labor realizada y, en Dos Hermanas, por creencia en el servicio, nos respaldan. Tenemos acreditación de calidad y somos centro de utilidad pública, además de ser el primer centro de adicciones de Andalucía acreditado por el compromiso contra la violencia de género. Todo esto suma y nos sentimos valorado.
¿Qué papel juega el voluntariado?
El número de voluntarios es muy rotativo y se atienden unas 20 personas voluntarias al año. Son perfiles de hombres y mujeres que han acabado la carrera y quieren conocer el colectivo, impartiendo talleres o con labores de acompañamiento a personas usuarias. Estamos abiertos a todas las personas que quieran hacer un voluntariado. Para ello, tiene que unir lo que demanda la entidad y las personas usuarias con que le guste lo que va a hacer, porque si no, no tiene recorrido.
¿Qué grandes retos hay que abordar?
Los retos que hemos detectado y que hay que empezar a incidir en ellos son el tema de las personas sin hogar; el servicio a la familia para saber gestionar emocionalmente la adicción cuando la persona no da el paso de pedir ayuda; el tema de la prevención, ya que trabajamos con la problemática, pero lo vemos como una posible solución; y recursos específicos para las mujeres.




























