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De vergüenza

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El miércoles, día 14 de enero, en  el apartado (La Opinión) del periódico La Semana me quedé bastante sorprendida con la carta de la Familia Fajardo. Soy una señora de 47 años de edad con secuelas de poliomielitis (parálisis infantil) desde los ocho meses. El día 31 de diciembre tuve una caída en casa y, como es habitual en mí, me fui a dar el golpe en la pierna que tengo la secuela, concretamente en la rodilla. Mi hermana me lleva al famoso Hospital de Valme, me hacen radiografías y me dicen que no tengo fractura y sí una osteopenia intensa. Me colocan un vendaje compresivo, reposo con miembro elevado e ibuprofeno 600 mg. cada 8 horas.

Pasé la Nochevieja peor de mi vida, pero como mi familia siempre dice que me quejo mucho, pues a callar y punto.

Siguiendo la pauta del doctor, el día 8 de enero ya era insoportable pues estaba peor que cuando me caí; ya hasta el tobillo lo tenía súper inflamado. Mi madre me lleva al famoso Hospital de Valme, me vuelven a hacer radiografías y, bingo, en las radiografías me dicen que tengo fractura patelar no desplazada. Me colocan una férula inguino-pédica con reposo del miembro manteniéndolo elevado, las famosas inyecciones en la barriga e ibuprofeno 600 mg.  cada ocho horas y para casa.

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Esa noche no pegamos ojo ni yo ni mi madre pues el yeso mandaba narices. Noté que algo no iba bien, pues por desgracia en otra ocasión tuve un yeso seis meses, pero lo de ahora no tiene nombre, pensar que volvía la tarde y después la noche se me ponían los pelos de punta. Tenía algo en el talón que no me dejaba vivir, ya los nervios se apoderaban de mí, tomé tila para ver si me calmaba pero era imposible, a las 3:30 horas de la madrugada entre mi madre y mi marido me volvieron a llevar al famoso Hospital de Valme. Comento a la doctora que no puedo vivir con el dolor en el talón. Ella me dice que me retira el yeso pero que me tiene que colocar otro igual. Yo le digo: “cuando usted lo quite ya verá lo que tengo y después juzgará si lo pone igual o no”. Fue sorprendente ver como entre la doctora, la ATS y el celador sudaron para quitarlo y, sorpresa, en la exploración pone esta doctora “se retira férula observándose zona de roce a nivel del talón”.

Señores lectores, es una vergüenza que estos profesionales de la medicina se centren solo en estudiar los síntomas del enfermo, sin pensar el dolor físico y psicológico que le producen.
Ahora no me puedo mover de la cama, pero en cuanto pueda coger las muletas pondré una hoja de reclamación al famoso Hospital de Valme y animo a todos los lectores que tienen problemas denuncien pues somos seres humanos y tenemos que unirnos para que nos traten adecuadamente.

 

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