No encuentro las palabras
Miguel, hoy no sé qué decirte
Que el café esta mañana ha sido amargo
Que no estabas –tú, amigo– para compartirlo
Y he pensado en ella
Tu Rosa de los vientos, compañera,
Cuando tras el cristal helado te miraba
Qué locos pensamientos a su vera.
Y me digo que quizás sea lo cierto
Esa frase un poco almidonada
“Que Dios se lleva a los mejores
Demasiado pronto para su compaña.
Conocí a Miguel Gálvez, mi amigo, y digo mi amigo porque conociendo esa manera de ser suya tan afectiva te invitaba a serlo, no hace muchos años. Pero, aun así, los suficientes para ver su valía. Y no sólo lo vi en los muchos ratos que compartí con Rosa /su querida Rosa) y con él, también lo he visto después de su pérdida en la cantidad de personas que quisimos despedirnos de él.
Sería muy difícil enumerar todas la cualidades de Miguel, porque todas se reducen a una, su Bondad –bondad con mayúsculas–. Te nos has ido muy pronto, demasiado, mas a todos lo que tuvimos la suerte de conocerte nos queda esa alegría. Para mí ha sido un gran honor haberte conocido.





























