La mujer mercader

Una dama influyente del siglo XVI.

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Continuando con la serie de grandes y destacados personajes de la Historia de Dos-Hermanas, en esta ocasión vamos a poner nuestra atención en una mujer que, por sus numerosas fincas a lo largo del término municipal y sus negocios relacionados con Dos-Hermanas, ocupó un lugar preeminente en la sociedad nazarena del siglo XVI. Se trata de doña Leonor de Azamar, una mujer de carácter que estuvo ligada a la figura de uno de los mercaderes más influyentes de la Sevilla del Descubrimiento, Bernardo de Grimaldo. Ambos recibirían sepultura en la capilla de Señora Santa Ana, conservándose en la actualidad su sepultura.

Nació doña Leonor de Azamar en la ciudad de Sevilla en el último tercio del Quinientos, hija del jurado Fernando de Azamar (que fallecería hacia 1490) y de doña Elvira Rodríguez de Contreras, vecinos en la collación de San Miguel. Tuvo cuatro hermanas más, una de las cuales, Isabel de Azamar, fue monja en el convento sevillano de Santa Paula. Otra, Inés de Azamar, casó con Alonso Cherino, de origen genovés, con el que tuvo numerosos problemas maritales.

Tampoco doña Leonor estaría exenta de problemas: en marzo de 1492 pidió amparo a los Reyes Católicos porque “se teme e reçela que Alonso Ortiz, vezino de la dicha çibdad y otros algunos caualleros y personas destos nuestros Reynos e Señoríos que ante vos las dichas Nuestras Justiçias entienden nonbrar e declarar por sus nonbres por odio e mal querençia que con ella tiene la ferirán o matarán o farán o mandarán fazer otros males y desaguysados algunos en su presona e bienes”. Por tal razón, los monarcas mediante carta de amparo “tomamos e resçibimos a la dicha Leonor de Azamar e a sus criados e criadas y apaniguados (esto es, sirviente de una casa que recibía habitación, alimento y salario) e a sus bienes dellos y a cada vno dellos”. Desconocemos, en cualquier caso, cuál fue la relación que mantuvo con aquel Alonso Ortiz, pero del documento se deduce que para esa fecha, doña Leonor se encontraba bien situada económicamente.

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Muy poco antes de ese hecho, en 1491 inicia una relación sentimental con Bernardo de Grimaldo, un comerciante genovés que se estableció en Sevilla hacia 1488 y que estaba casado desde años atrás con su pariente Violante de Grimaldo, con quien tenía tres hijos. De aquella unión extramatrimonial (no hay constancia de que las autoridades eclesiásticas o civiles, que perseguían de manera severa el amancebamiento o la bigamia, se hubiesen manifestado al respecto), nacieron dos hijos: Polo (Paolo) de Grimaldo (c.1493-c.1521), que llegaría a ser canónigo de la catedral de Sevilla e hizo sus pinitos, sin éxito, en el mundo de la poesía, y Juan Bautista de Grimaldo (c.1505-1556), que siguió los pasos de su padre y fue un destacado mercader. Andado el tiempo, cuando Grimaldo quedó viudo (en torno a 1520), la pareja contrajo matrimonio, acabando así con una situación sentimental que no era lo que socialmente estaba establecido como normal.

Por otra parte, doña Leonor tuvo numerosos negocios que le reportaron grandes beneficios. Bernardo de Grimaldo llegó a afirmar en su testamento de 1511 que “ella con su yndustria e trabajo ha fecho muchos de los bienes muebles e atavío de casa que yo oy día tengo e con trabajo de su persona e de sus esclauos los ha multiplicado e fecho”. Esa fortuna le permitió comprar unas casas principales en Dos-Hermanas, donde pasaría largas temporadas desde 1508, aproximadamente. A ellas se unirían una casa-mesón en la calle Real, un pedazo de tierra donde plantó un rosal, una sembradura ubicada junto a la anterior, dos fincas en el camino de Sevilla, un pedazo de tierra en Pozo Bermejo, y una viña. También tuvo sus actividades como prestamista (por ejemplo, prestó a Juana de Astorga ocho ducados sobre una pieza de oro que costaba diez ducados en torno a 1506) y comerció con las Indias, enviando mercaderías a Santo Domingo de la isla Española a Jerónimo de Grimaldo (pariente de su marido) y a Antonio Italián. Asimismo, doña Leonor dio poder en marzo de 1511 a Juan López de Recalde, contador de la Casa de la Contratación, para que recibiese y cobrase las mercaderías y dinero que había enviado a Santo Domingo. Por todo ello, doña Leonor de Azamar se convirtió en una de las mujeres más poderosas de la Sevilla de principios del siglo XVI.
Nuestra biografiada, que vivió sucesivamente en las collaciones de San Miguel, Santa María y San Lorenzo, otorgó tres testamentos. En los dos primeros, fechados en 1511 y 1516, ordenó ser enterrada en la iglesia sevillana de San Vicente, “en la sepoltura onde está enterrado el dicho jurado Fernando de Azamar, mi padre”. Una cláusula curiosa contenida en su primer testamento es la que manda que “mis fijos ni ninguno dellos so pena de mi bendición nin mis criados nin otras personas nin personas algunas non pongan nin traygan luto por mí porque esta es mi determinada voluntad”.

Pero sus años en Dos-Hermanas hicieron que creciera en ella un especial cariño y devoción a Señora Santa Ana, y el hecho de que su marido Bernardo de Grimaldo dispuso ser enterrado (como así ocurrió) en la capilla de la Patrona, hizo que abandonara su idea de recibir sepultura en la iglesia de San Vicente y dispuso en su último testamento de 1537 ser enterrada “en la yglesia de Señora [San]tana deste lugar de Dos hermanas, en la sepoltura que deten[go] don my señor Bernaldo de Grimaldo está enterra[do]”.
Finalmente, murió en la ciudad de Sevilla en 1537, siendo conducido su cuerpo hasta la capilla de Señora Santa Ana del entonces lugar de Dos-Hermanas. Allí fue enterrada en la sepultura de su marido, cubierta con una lápida de mármol gris que posee la siguiente inscripción en caracteres góticos: “Aquí está el noble cavallero / Bernaldo de Grimaldo, vno de las qvatro principales / casas de Génova, la devoción / del qual escojo esta perpetua en ocho de agosto de / IUDXXXI años, y el noble / cavallero Juan Baptista de Grimaldo, / su hijo, / falleció viernes XVII de / enero año de IUDLVI, / sus ánimas sean / en Gloria.”

La lápida no la menciona, pero la documentación de la época no guarda silencio y gracias a ella nos ha llegado su vida y su legado.

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