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(Lucas 16, 19-31 ) EL CIELO está lleno de personas que, habiendo sufrido dificultades sin número en la tierra, ahora están profundamente agradecidas por vivir en la fiesta del amor del Padre.

El evangelio del próximo domingo nos narra la parábola del pobre Lázaro, un mendigo que murió a las puertas de la casa de un ricachón derrochador, que ni siquiera se dignó mirarlo un solo día. Lázaro fue al cielo; y aquel rico, vano y derrochón, fue al infierno por su falta de compasión.

El cielo está lleno de personas pobres alegrándose, por fin, en la presencia bondadosa del Padre y del Hijo, cantando y bailando con la alegría del Espíritu; también en el infierno habrá algunos, los que preocupados por miles de estupideces rechazan la mirada de los pobres y de los que sufren. Lo más terrible de todo es que alguno de estos se llaman cristianos y son devotos de tal o cual imagen…

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Nosotros ya sabemos el mandamiento de la nueva alianza: “Amaos unos a otros como yo os he amado, con más ternura y generosidad, cuanto más débil y pobre es la otra persona. Este mandamiento es más grande que todas las promesas que hayas podido hacer; es lo que dará eficacia a tus oraciones; es lo que hace aceptable la ofrenda que hagas a Dios».

Mira al pobre a los ojos y después haz lo que puedas y sea un bien para él.

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