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(Marcos 9,37-42) PARA ALGUNOS, algunas semanas el verano es tiempo de ocio, de vacación. Dejamos a un lado las actividades cotidianas y tenemos más tiempo para el reposo. Eso significa «ocio», reposar, dejar caer, y con tranquilidad ver cómo la vida va poniendo cada cosa en su sitio. Pero, a veces, convertimos el ocio en negocio; lo que debía ser sosiego, en actividad frenética que no nos descansa, que no nos repone, que no nos hace gozar de la vida. Consumimos nuestro tiempo libre sin dejar reposar la vida.

Algo así le pasaba a Marta, la amiga de Jesús, que nerviosa y ajetreada, en vez de escuchar a Jesús, que había llegado a su casa, quería hacerlo todo sin atender a lo más importante: reposar su vida ante la palabra, la presencia y la mirada del Maestro.

Cada uno de nosotros hemos de buscar ese tiempo de reposo, donde contemplar la presencia de Jesús que nos alienta, nos exhorta, nos enseña y nos recrea, que nos llama a seguirlo más de cerca.

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Este verano, tu casa, puede ser Betania.

No te respondas tú. No preguntes a quien tiene sólo opiniones, pregunta a quien tiene la Vida. Pero, dale tiempo para conversar.

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