- Publicidad -

(Jn 20, 19-23) ESPÍRITU en hebreo se dice Ruah, una fuerza que era fuente de vida y movilizaba a los profetas para que cumplieran la misión que Dios les encomendaba. La “ruah” es el aire que respiramos y nos permite vivir; es símbolo de la presencia del Dios que siempre está con su pueblo.

Sutil como la brisa que refresca y alegra en verano. Invisible como el aire que impulsa los veleros en el mar. Irresistible como la ráfaga que, en otoño, te vuelve el paraguas del revés. Así es el Espíritu de Dios en nuestra vida. Siempre una sutil invitación a tu libertad para que vivas desde el amor. Invisible conjunción de las cosas que hace que sabes qué rumbo has de tomar en la vida. Irresistible poder de Dios ante el que sabes que tu vida depende de acoger con humilde obediencia su voluntad.

Ruah, en la gramática hebrea, es una palabra femenina. La Ruah tiene esa sabiduría femenina, maternal, de saber antes que nadie lo que te ocurre, lo que estás sintiendo, lo que te conviene de verdad; también, como los varones podéis imaginar, es imposible de descifrar.

- Publicidad -

Dejarse llevar por el Espíritu de Dios es siempre la mayor aventura de amor y de plenitud que puede vivir una persona, una familia, una comunidad cristiana. El Espíritu romperá tus rutinas y tus expectativas, para compensarte te dará una luz distinta en la mirada, como cuando una brisa limpia la niebla del horizonte.

- Publicidad -

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí