Lúcida soñadora: la Fe

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De las espadas forjarán arados
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(Jn 13, 31-35) ¿CÓMO SE LE PUDO ocurrir al Señor pedirnos que nos amáramos unos a otros como Él nos amó? El mandamiento de la Nueva Alianza señala el imposible de los imposibles. A nosotros que somos egoístas y orgullosos, nos pide que amemos con generosidad y humildad; si hasta haciendo algo bueno nos llenamos de un orgullo sutil y dañino. A nosotros que somos cobardes y calculadores, nos pide que amemos hasta entregar la vida, sin pasar factura… Realmente el Señor soñó con una utopía.

Pero eso es la fe: soñar lúcidamente con un mundo nuevo, con una tierra nueva y un cielo nuevo; soñar con que quienes se mueven serpenteando, se asienten en sus dos pies y caminen decididamente hacia el Reino.

La fe es esa lúcida soñadora que pone en nuestro corazón la única meta que puede llenarlo totalmente. Nos equivocaremos, tropezaremos mil veces en la misma piedra, pecaremos, pero nada debe impedir que tengamos nuestra mirada puesta en el horizonte de la gloria del amor de Dios. Hasta el pecador más recalcitrante puede decir con humildad: “Señor, Tú eres clemente y misericordioso”. Los más pobres y los que más sufren son los que con más ahínco buscan que el Señor todo lo haga nuevo, y se acaben las lágrimas, el luto y el dolor.

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No hay fe verdadera si nuestro pecho no se llena de anhelos de una justicia y un amor sin límites.

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