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Dos Hermanas volvió a vivir un nuevo Jueves Santo de contrastes. La historia y la juventud se volvieron a dar la mano en una tarde-noche espléndida de cofradías gracias a esta primavera demasiado cálida que se ha abierto paso después de un inicio de semana lluvioso y desapacible. La corporación más antigua de la Semana Santa nazarena y la más joven compartieron las calles de Dos Hermanas con sus dos visiones de hacer estación pública de fe. La alegría del barrio y la sobriedad del paso del tiempo.

Ya la dijo el pregonero de la Semana Santa 2022, Daniel Vaquero Fornet, que el Jueves Santo es el día en el que Dos Hermanas saca a relucir el pueblo que lleva dentro. Y es que si se quiere buscar el germen, el origen, de lo que es la ciudad del presente hay que acudir en esta jornada a la Capilla de San Sebastián. Allí, cuando ya comienza a caer la tarde del jueves, se abren las puertas de la historia y comienza la representación de lo que es una procesión de Semana Santa en Dos Hermanas.

Y es que todo tiene un sentido, desde la cruz de guía al último músico de la Agrupación Musical Utrerana, y un orden, el que nunca pierden los nazarenos del cortejo que preceden con sus cirios a los sagrados Titulares. Sobre un monte de lirios morados, en el que se hundía su cruz, apareció por el dintel de la puerta de la capilla el histórico Cristo de la Vera-Cruz. Esa talla que parece estirarse hacia el cielo en su muerte en un silencio sepulcral, solo roto por el crujir de la caoba de su paso procesional, que estrenaba la restauración de sus cartelas, e iluminado por sus característicos cuatro faroles con sus cirios encendidos desde que salió del templo.

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Con una nueva saya bordada en oro fino sobre terciopelo bordado procesionaba este Jueves Santo la Virgen del Mayor Dolor. La Dolorosa refulgía de una manera especial, tras la restauración de su corona y puñal de salida, con un elegante exorno floral de claveles blancos. Sones lúgubres durante su caminar por Dos Hermanas para uno de los palios más clásicos de la Semana Santa nazarena, en consonancia con la ideosincracia de la cofradía.

Jueves eucarístico en El Amparo

Mientras Vera-Cruz daba sus primeros pasos por su feligresía, muy cerca, la Hermandad de la Sagrada Cena llegaba al centro de la ciudad, tras salir a primera hora de la tarde desde sus dependencias de la calle La Hacendita. Con un sol de justicia, los nazarenos de túnica crema y antifaz burdeos comenzaban su estación de penitencia pasadas las cuatro y media de la tarde. Ha sido un Jueves Santo de reencuentros, como está siendo esta Semana Santa, como el protagonizado por la Banda de Presentación al Pueblo que, una década después, volvía a tocar tras el misterio.

Esta paso, que volvió a llamar la atención por las calles de Dos Hermanas por su magnitud, estrenaba nuevas parihuelas, así como los ángeles custodios que lucieron en las capillas de sus esquinas y que ha realizado el imaginero nazareno Antonio Luis Troya Román. Además, también era novedad la ropa de los apóstoles Simón, Santiago el Mayor, Santiago el Menor y San Pedro. Y para marcar el devenir de su estación de penitencia, su primera levantá, antes de su salida, estuvo dedicada a todas las personas que habían fallecido víctimas de la pandemia.

Bajo una espumosa nube gris que alivió las altas temperaruras de la tarde volvía a salir el paso de Jesús Humillado, sobre un monte de flores silvestres en tonos lilas. Un monte en el que, además, iban las peticiones que los devotos han ido haciendo durante la Cuaresma y depositando en una urna en el altar. El grupo de mantillas, que también formaba parte del cortejo, pidió durante la estación de penitencia especialmente por estas intenciones.

Nuevo Jueves Santo de contrastes

Aunque su acompañamiento es de música de capilla, mientras el Cristo salía era la banda del palio, Ciudad de Dos Hermanas, la que tocaba y le acompañaba musicalmente en sus primeros pasos. La Virgen del Amparo y Esperanza, que cerraba este cortejo, volvía a salir un nuevo Jueves Santo bajo una lluvia de pétalos que un grupo de costaleros le tiraron desde la parte más alta de su casa hermandad. La Dolorosa, que no seŕia la única petalada que recibió esta jornada, estrenaba para la ocasión nueva toca de sobremanto bordada.

Y este nuevo Jueves Santo de constraste quedó patente al caer la noche, cuando ambas corporaciones regresaban a su templo. La alegría de La Cena en su búsqueda de la calle La Hacendita y el sobrecogimiento de ver a los dos pasos de Vera-Cruz en su recogida por las callecitas estrechas de San Sebastián. Momentos de nervios y emoción a las puertas de una nueva Madrugá de Viernes Santo.

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