La compra de la villa de Dos-Hermanas en 1631

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la compra de la villa

Desde principios del siglo XVI, fueron muchos los aristócratas y mercaderes que mostraron gran interés por la compra de la villa de Dos-Hermanas y su jurisdicción. Ubicado en un lugar ciertamente privilegiado, muy cerca de Sevilla, el término nazareno lindaba, además, con el río Guadalquivir, verdadera arteria por donde llegaban las riquezas americanas, al tiempo que era la puerta de entrada a las Indias.

No debemos olvidar que en la margen nazarena del Guadalquivir estaban tres grandes embarcaderos: el de puerto de Parra, el del Rincón de Hernando Ibáñez y, el más importante, el del Copero. Por estos puntos podían embarcarse toda clase de mercaderías sin tener que pasar por la aduana sevillana. Esta fue la principal razón por la que Dos-Hermanas se mostraba apetitosa ante los principales personajes relacionados con el comercio indiano para la compra de la villa.

El mismísimo Conde-Duque de Olivares, todopoderoso valido de Felipe IV, intentó infructuosamente hacerse con la jurisdicción de Dos-Hermanas en varias ocasiones. Con mejor suerte, Pedro de Pedrosa, rico comerciante indiano, adquiriría nuestra villa en 1639. Pero antes de estos dos personajes, estuvo la casa ducal de Alcalá de los Gazules. Veamos cómo esta importante familia aristocrática hispalense se hizo, brevemente, con los destinos de Dos-Hermanas.

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Interés por la compra de la villa

El interés de los Enríquez de Ribera (duques de Alcalá de los Gazules, pero también condes de Los Molares y marqueses de Tarifa) por las tierras de nuestra villa se remonta a las últimas décadas del siglo XV. En esas fechas, adquirieron el heredamiento de Quintos, al que sumaron, a mediados del Quinientos, otro heredamiento nazareno, el de Villanueva del Pítamo, donde el primer duque de Alcalá, Per Afán de Ribera, pasó largas temporadas en la década de 1570. En 1525 y 1564-1567 se dieron los primeros intentos de compra de Dos-Hermanas por parte de esta familia nobiliaria, pero no llegaron a buen puerto.

Sin embargo, será Fernando Enríquez de Ribera, III duque de Alcalá, quien conseguiría, finalmente, hacerse con la jurisdicción de Dos-Hermanas en 1631. El contexto le fue propicio, pues la costosa política exterior de la Monarquía Hispánica hacía necesaria buscar nuevas fuentes de ingresos. Y se encontraron en la venta de villas y lugares realengas. Muchas poblaciones dependientes de la Corona fueron vendidas a miembros de la nobleza durante buena parte del reinado de Felipe IV, y entre aquellas está, precisamente, Dos-Hermanas. Su proceso de venta fue magníficamente recogido en el libro de Antonio J. López Gutiérrez y Pedro Sánchez Núñez La villa de Dos Hermanas en el siglo XVII, por lo que recomendamos su lectura para conocer todos los detalles de este asunto.

El III duque, siendo por entonces virrey de Nápoles, dio poder en junio de 1630 a Bernardo de Ribera (personaje de oscuros orígenes que bien merece un artículo propio), para que en su nombre comprara Dos-Hermanas. Y así lo hizo en 1631 por la nada despreciable cantidad de 3.626.000 maravedíes, cantidad que sería pagada a razón de 1.208.666 maravedíes en reales de plata al contado y el resto a plazos, siendo esto último algo reseñable pues será la razón por la que el duque perdió la jurisdicción de la villa.

Los actos de toma de posesión de Dos-Hermanas, tras la compra de la villa, por parte de los representantes del duque de Alcalá se desarrollaron entre el 25 de noviembre y el primer día de diciembre de 1631, sin oposición aparente por parte de los vecinos de la villa.

En cualquier caso, Dos-Hermanas estuvo poco tiempo en manos de la Casa de los Enríquez de Ribera, pues para 1636 el duque no había cumplido con el pago de los plazos acordados con la Monarquía, al tiempo que esta última se había dado cuenta de que la venta se había realizado muy por debajo de su verdadero valor. Aquel incumplimiento hizo que nuestra villa volviera a manos de la Corona, que no dudaría en deshacerse nuevamente de su jurisdicción.

Dos-Hermanas volvería a ponerse en venta en los años siguientes, entrando en escena un personaje, Pedro de Pedrosa, que será clave en el devenir político de esta villa hasta mediados del siglo XVII.

FOTO DEL MES. Traemos en esta ocasión esta fotografía en la que aparecen los nazarenos Francisco Rodríguez Viejo (1904-1985) y Ana Rivas Moreno (1906-1978). Fue tomada, precisamente, el día de su boda, que tuvo lugar el 19 de abril de 1930. La pareja tuvo ocho hijos: Josefa (1931-2003), Juan (1933), Patrocinio (1935-2008), Ana (n.1936), Francisco (1939-1988), Juan (n.1943), Concepción (1945-1982) y Manuel Rodríguez Rivas (n.1948).

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