La mediocridad no es camino

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(Mateo 5, 38-48) NO HAY CAMINO intermedio, o buscamos la santidad, o viviremos en el infierno. La gran tentación de todos nosotros es la mediocridad; buscar una posición que ni nos haga parecer egoístas, ni comprometa nuestra comodidad o nuestro estatus; querer vivir sintiéndonos cristianos pero sin querer aprender como discípulos del Maestro. Es una posición que se acerca a la hipocresía sin serlo del todo porque se define más por cobardía.

Y no es una tentación solo para los cristianos, y en nuestra vida de fe; es un engaño –que eso significa tentación- que está presente en todo lo que merece la pena; en todo amor que puede plenificar a la persona. Amar sin entregarnos, ser padres a tiempo parcial, amigos de los que no se complican la vida… Todos conocemos lo que significa este nadar y guardar la ropa, que cuando se trata del amor, de la amistad, de la confianza es simplemente un engaño.

Y no se trata de lo que haces, sino de la actitud vital, interior, profunda con la que vives. Puedes tener una vida sencilla: tu familia, tus niños, tu trabajo, tu tarea en la parroquia o en alguna asociación, que vas compaginando como puedes, con tus momentos de descanso y de reposo…; y viviendo profundamente el amor de Dios cada instante de tu vida. Tampoco se te exige que nunca te equivoques, sino en que vivas en clave de entrega y de donación, de ofrenda y de acción de gracias.

La clave está en vivir desde lo que acojas como voluntad de Dios. No te olvides que los egoísmos pactados y compartidos nunca llegan a ser amor, y te dejarán helado el corazón.

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