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Por alegrías

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(Lc 20, 1-20) El evangelio de san Lucas está imbuido de una profunda experiencia de alegría. Los ángeles anuncian con alegría a los pastores el nacimiento de un niño que será la salvación; los pobres de Galilea se alegran visiblemente por los signos de misericordia y compasión de Jesús con los enfermos; el propio Jesús experimenta instantes de profunda alegría. El evangelio de este domingo nos narra uno de esos momentos. Jesús se pone a rezar por alegrías cuando los discípulos comienzan la misión de anunciar un mundo nuevo.

Esta oración por alegrías de Jesús le lleva a invitar a sus discípulos a que se alegren y llenen su corazón de felicidad sensible y risueña, con una alegría que nadie les podrá arrebatar.

Si nuestra alegría depende de que nuestro equipo gane al fútbol… Alegrías pasajeras tendremos. Si nuestras alegrías se centran en ser considerados por los otros, en conseguir su aprobación y su aplauso… Barato vendemos nuestro ser más hondo y profundo. Nuestra alegría, dice Jesús en este evangelio, está en que nuestros nombres están escritos en el cielo, en el corazón de Dios. Cuando sabemos y experimentamos sensiblemente la elección de Dios para impulsar su Reino, cuando experimentamos sensiblemente el perdón y la misericordia de Dios en medio de nuestras debilidades, cuando acogemos con fe la presencia de Cristo en los más débiles y en los pobres, acogemos una alegría que nadie podrá arrebatarnos.

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Cantar por alegrías no es difícil, recuerda: «Tiriti tran tran tran… Gracias, Señor, porque me amas».

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