Aquí ningún político, ni presidente, dictador o rey, ha regalado derechos, los derechos los ganamos los obreros peleando y padeciendo palos y represalias.
Veamos, yo soy de profesión yesero, cuando con trece años voy por primera vez a la obra, el yeso lo subíamos a cuesta por las rampas de las escaleras, por peldaños un ladrillo pegado con yeso, trabajábamos de lunes a sábado, el sábado sobre las dos de la tarde te pagaban los metros que te habías hecho y hasta el lunes siguiente. Ni hojas de salario, ni seguros, ni parte proporcional de pagas, etc.
Cuando la obra se terminaba cogías tus herramientas y a buscar otra obra en la que te dieran trabajo, y eso con una salvedad, si eras rápido pegando yeso sí te cogían pronto, pero si eras lento, nadie te daba trabajo, las obras en aquellos años sesenta nunca duraban más de dos meses, siete u ocho semanas. De una obra a otra, estabas parado un tiempo en que no cobrabas ni un duro.
Cuando comenzamos a pensar, nos reuníamos en los ratos del desayuno y hablábamos de pedir que por qué no teníamos un seguro, que nos cubriese en caso de ponernos enfermos, accidente, etc., de por qué los yeseros, no podíamos trabajar a jornal, como todo el mundo, claro está, que solo pensando y hablando nada se conseguía… pues no trabajamos, ¡nos ponemos en huelga!
Parábamos la obra, nos despedían, los contratistas traían otros yeseros, nosotros en la puerta no les dejábamos entrar, quince días, un mes de huelga e íbamos ganando derechos.
Conseguimos que se nos asegurara. Unos meses de tranquilidad y otra vez los porqués, ¿si yo pego tantos metros y gano tanto, por qué en mi hoja de salario solo me reflejan X? De nuevo reuniones, reivindicaciones, etc., otra vez parones, huelga, despidos y conquistas.
Pero claro estas conquistas globales, siempre tenían damnificados, que siempre eran los que daban la cara, los que se atrevían a hablar por los demás, por señalar algo, a mí me llegó a decir uno de aquellos contratistas, “te mantengo a tu familia, pero a ti no te doy nunca más trabajo”.
Y tú tenías que coger tu saco de herramientas y salir a otros pueblos otras nacionalidades a buscarte la vida.
Esa es la realidad, así defendíamos nuestros derechos, peleando, padeciendo pero dando la cara, que te señalaban sí, pero esa fue la forma en que aquí, en este país de contratistas piratas y empresarios caciques, los trabajadores arrancábamos parcelas de derechos y libertades.
Esa es la historia de cómo se fueron consiguiendo derechos, lo cuento a grandes trazos, porque los detalles y las anécdotas, no caben en un libro.
Si alguien te cuenta que tal o cual presidente trajo algún derecho, le dices sencillamente que es una gran mentira y que esa te valga para aclararte que si no peleas, si no te organizas, no te van a dejar ni un solo derecho, de aquellos que tanto nos costó arrancar, a las grandes empresa.
*Un contratista era siempre un ex-yesero que la empresa ponía de insolvente, entre los trabajadores y la empresa.
Sigue porque la lucha sigue día a día.






























