Francisco J. Mena entonó su Ave María a la Virgen de Valme

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    1501Un pregón cargado de historia y de emotivas estampas en torno a Valme

    Un pregón del pueblo y para el pueblo. Francisco Javier Mena Hervás quiso dedicar a Dos Hermanas su Pregón de  Valme que pronunció el pasado domingo en la parroquia de Santa María Magdalena. Ya que, como confesó el pregonero, “el de Valme es el pregón del pueblo, puesto que sencillamente está hecho por el pueblo”.  Y el pueblo, que se congregaba en la parroquia, se lo agradeció con un prolongado aplauso ovacional en pie cuando Francisco Javier puso el punto y final a su disertación con un contundente “ he dicho”, al que precedió su petición de indulgencia a Valme , ya que “para pedirte perdón, es bastante, Madre mía,  mirarte y con devoción suspirar… Ave María.  

    Donde cesa el lenguaje, comentó el pregonero, comienza la música. “Todo tiene música”, aseguró, y “Valme no va a ser menos”. Por ello, quiso terminar su pregón entonando el Ave María de Caccini a Valme vuelto desde su púlpito, no dejando indiferente a los presentes.

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    Pero esto fue el final de un pregón que comenzó casi dos horas antes, a las 12:30,  con la participación de una orquesta de cámara dirigida por Nicolás Barbero y que puso la melodía a las palabras de Mena Hervás, quien fue presentado por Ana María Díaz Terrero. Ésta  centró  su exposición en dar a conocer los lazos que la unen al pregonero, quien apostó por ella para esta labor por “ser mujer, muy vinculada a Valme y a mi entorno familiar”.

    {xtypo_quote_left}“Una, que solo Una, es la sangre que nos llama, cuando a la Virgen le imploran, los hijos de Dos Hermanas”{/xtypo_quote_left}

    Enlazado en todo momento por pasajes bíblicos, Francisco Javier optó por un completo pregón cargado de apuntes y datos sobre la historia de Valme, su hermandad y romería, en relación estrecha y paralela con la historia de la ciudad. Una exposición en la que el pregonero mantuvo una frágil apariencia que se desquebrajó en más de una ocasión, cada vez que la historia daba paso a la vertiente más personal de una disertación en la que la emoción embargó al pregonero en varias ocasiones.

    Francisco Javier quiso que su pregón fuese un cara a cara con todos y cada uno de los agentes que interactúan en la tradición de Valme. Tuvo palabras para la junta de gobierno de la hermandad, a la que pidio que la romería siguiera siendo un día, frente a las peticiones populares de dos días de Valme; que siga transcurriendo por la carretera vieja frente a los que buscan caminos más campestres; que los cohetes del tercer domingo de octubre no estallen en el cielo tan temprano; así como que en lugar de un Quinario, “más propio de hermandades de penitencia”, se recupere para la Virgen el Triduo. Lanzando la propuesta de que la Virgen visite alguna vez el hospital que desde hace treinta años lleva su nombre. Junta de gobierno a la que también agradeció su designación como pregonero, ya que , “preparar este pregón ha supuesto redescubrirlo todo”. “Gracias por este obsequio”, prosiguió, “este sublime renacimiento  que responde al nombre de Valme”.

    {xtypo_quote_right}“Si es hoy el Valme nuestra gran fiesta,  lo es porque sería conquistada por el pueblo”{/xtypo_quote_right}

    El pregonero también tuvo palabras para los pregoneros que lo han predecedido en esta labor, la camareras y su labor para “engrandecer el culto a Valme”; así como para los carreteros y galeristas. A este colectivo les invitó a que se “olvidasen ese día del premio y se sintieran camareras y vestidores de la Virgen”, ya que no hay mejor manto, aseguró, que el que “todos los otoños, sobre un bastidor de dos ruedas, le bordáis con tules de papel de seda”. Destacando en todo su momento “su generosidad para engrandecer esta fiesta”.

    Asimismo, el pregonero quiso acordarse de aquellas personas que no están, “agitando con el pregón el pañuelo de esta honda pérdida”, en las personas de Pepe Burgos, Laura, Ainhoa, la hija de una carretera, cuyo fallecimiento este verano, ha impedido que su carreta acompañe a Valme a Cuarto; así como de su amigo José Juan, cuyo recuerdo supuso uno de los momentos más emotivos del pregón.

     

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