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Libertad condicional

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La expresión libertad condicional no se refiere, en este caso, a la situación de excepción de algunos detenidos, sino a la nuestra, a la de todos los mortales, pues la libertad que disfrutamos viene lastrada, condicionada por el pasado. Y es que el pasado, por paradójico que parezca, está pasado, pero está. Sigue influyendo, ralentizado, dificultando o facilitando el ejercicio de la libertad. Son muchos los que ni saben ni quieren perdonar, sino que parecen disfrutar archivando el pasado de los otros, para echárselo en cara en la primera oportunidad, o para arrojarlo a las fieras en la pequeña pantalla con el fin de aumentar la audiencia y los beneficios.

Los «antecedentes penales», de funesta memoria, siguen vigentes en la memoria de quienes dicen perdonar pero no olvidar. Y algo así parece haber inventado la dirección general de tráfico, en su deseo de sustituir el permiso de conducir por una memoria archivo de infracciones y errores del conductor. ¿Y si se extendiese la medida a todos los campos para tratar de disminuir los errores de los médicos, jueces, profesores, alcaldes, gobernantes, deportistas, políticos, y hasta simples ciudadanos?.

Muchos saben por experiencia lo difícil, que resulta superar el pasado, cuando se trata, por ejemplo, de dejar de fumar, salir de la droga, liberarse del alcoholismo, controlar el exceso de peso, de colesterol, de azúcar. Cambiar nuestros hábitos alimenticios resulta tanto más fácil cuanto más tiempo ha pasado. Y no digamos nada lo que cuesta cambiar de costumbres, de conducta, de mentalidad, de postura.

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Todos conocen la importancia de la experiencia, del aprendizaje, del entretenimiento, del adiestramiento, de las prácticas, de la constancia y esfuerzo en adquirir experiencia y facilidad. Decía un famoso pianista: si deja de hacer ejercicio un solo día, lo noto yo; pero si dejo dos, lo nota el público. Y es que el uso de la libertad se consolida y afianza o se erosiona y debilita, de modo que uno puede acabar siendo, más que un ser libre, una veleta.

El pasado, convenientemente seleccionado, ordenado y detallado, constituye nuestro currículum y es nuestra carta de presentación en sociedad y nuestro aval para solicitar un trabajo o mejorar el que tenemos. Y es que el pasado, no está pasado, viene con nosotros.  Y nos ayuda o nos impide volar en alas de la libertad.

 

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